Alianza Hondureña de Los Ángeles (II) PDF Imprimir E-Mail

Por Edgardo Quintanilla (*)

 

LOS ANGELES -   El pasado 14 de noviembre de 2008 recibí un diploma y una placa en reconocimiento por mi labor comunitaria como abogado de inmigración de parte de  la Alianza Hondureña de Los Ángeles (AHLA), una organización de fines no lucrativos liderada por Cecilia Rodríguez, una mujer emprendedora que ha salido del pueblo para establecer una institución de ayuda a los necesitados.

 

 

Al llegar al sótano de la Iglesia Metodista de Echo Park de paredes blancas, bien iluminado y decorado con mesas con manteles blancos y sillas con fundas blancas, recordé el concierto de fin de año que el Grupo Huayucaltía hizo en 1988 en dicha iglesia.  Se usó un salón más amplio sin decoraciones donde los ritmos de la nueva canción latinoamericana fueron fusionados con ritmos andinos y de guitarra.    Antes de llamarse Huayucaltía el conjunto de habilidosos músicos latinos y una norteamericana de Palo Alto, California, se llamaba Grupo Unidad.  

 

 

Will Echegoyén, un cantante y músico salvadoreño, cuya imagen aparece en un mural enfrente del Parque McArthur, fue uno de los fundadores del Grupo Unidad.   Estuve presente en la última presentación de Echegoyén con el Grupo Unidad en el Este de Los Angeles cuando se despidió cantando su composición, “Se va el compañero”, una muestra de solidaridad revolucionaria en los años ochenta.  

 

 

En el evento de AHLA me complació ver a Francisco Rivera, salvadoreño, activista comunitario, escritor, periodista, presidente de la Mesa Redonda Nacional Centroamericana, y alcalde honorario del Histórico Pueblo de Centroamérica que pretende abarcar el área de Pico-Union y el parque McArthur que en realidad es donde menos centroamericanos viven.   Lo encontré conversando con Enot Rubio, salvadoreño y presidente del Comité Salvadoreño “El Piche”, y a quien había visto recientemente en las noticias locales de la prensa en español comentando sobre la llevada de 5,000 pares de zapatos a niños necesitados que fueron mostrados jugando en un círculo deportivo lejos de las zonas marginales de El Salvador.   

 

 

En una noche calurosa, cuando se empezaban a escuchar las noticias de un incendio en el área de Sylmar, California, el agua me cayó bien antes de un vinito tinto para prepararme a degustar la cenita que estaba ya lista para que nos la fuéramos a servir.   

 

 

Fue un gusto conversar con abogados colegas méxico-americanos, activistas comunitarios, y saludar a Vivian Panting, la distinguida cónsul de Honduras en Los Angeles.  

 

 

Tuve la suerte de sentarme a la par del legendario abogado José Mariano Castillo, hondureño, miembro de la Barra de Abogados de California, y uno de los fundadores en los años sesenta de la Barra de Abogados México-Americanos (MABA) de cuya mesa directiva fui miembro varios años en los noventa.   Aunque hay un extenso número de abogados de origen centroamericano que son miembros de la Barra de Abogados de California, nunca se ha establecido en California ninguna organización de abogados con raíces y conexiones en Centromérica.    Castillo me habló de su despacho jurídico en la Ciudad de México y la creación de un liceo que lleva su nombre en el pueblo donde nació en Honduras.   

 

 

Al conversar con Castillo recordé a una de mis clientes hondureñas que tuvo un final trágico.  Ella nació y creció en Guarisama, en el departamento de Olancho.   Tenía 18 años cuando empezó a ser hostigada por un pretendiente mayor que ella y quien la forzó a que fuera la mujer de él, la embarazó y la empezó a golpear casi diariamente sin que las autoridades locales intervinieran.  Ella dio luz a una criatura prematura y deformada que murió semanas después de haber nacido.  

 

 

Para ya no seguir siendo víctima de la violencia doméstica huyó a los Estados Unidos donde la defendí en un proceso de deportación y busqué un asilo especial de protección para mujeres que han sido víctimas de violencia doméstica en su país de origen.   No ganamos el caso en la Corte de Inmigración.   Mientras el caso estaba en apelación, mi cliente murió de un derrame cerebral sin ella haber cumplido los 25 años.   A pesar de su triste historia, ella hablaba con dulzura y tenía una linda sonrisa.  QDDG. 

 

 

Traté de interesar a Castillo en el caso de Checha, una salvadoreña con cáncer pélvico y cinco hijos que vive en la miseria en Santa Cruz Michapa, Cuscatlán, El Salvador, y cuya historia CONTRAPUNTO presentó recientemente a la opinión pública para buscarle ayuda.   No sé si Castillo me escuchó sobre la idea de buscarle un refugio a Checha y sus hijos en el pueblo donde Castillo nació ya que Checha está abandonada por las instituciones salvadoreñas.  La fusión cultural y genética de hondureños y salvadoreños es una historia que todavía no se ha contado.   En el siglo XX, El Salvador se fue quedando geográficamente más chiquito porque Honduras le ha ganado  juicios limítrofes a El Salvador.   

 

 

Al salir de la Iglesia Metodista de Echo Park y llegar a la esquina de la Calle Alvarado y la Reservoir en una noche calurosa de otoño bajo un cielo negro con olor a chaparral quemado, pensé en que quizás ha llegado el momento de repatriar los restos mortales del General Francisco Morazán (1792-1842) que yacen en el olvido en San Salvador a Honduras y así ir más allá del falso nacionalismo.   El error histórico más grande de Morazán fue en no haber sabido lograr primero la fusión de Honduras (el norte) y El Salvador (el sur) como una nación soberana.    Morazán fue presidente de ambos países.   Interesante, los dos únicos departamentos de El Salvador que honran el nombre de una persona, llevan el nombre de dos hondureños que pelearon por la unidad centroamericana: Morazán y el General José Trinidad Cabañas (1805-1871).

 

 

Días después del evento de AHLA por el cual sigo agradecido por el reconocimiento, le escribí un correo electrónico a Castillo recordándole de Checha y sus penurias.   Todavía no he recibido respuesta.

 

(*) Derechos reservados del autor.   Edgardo Quintanilla, miembro de la Barra de Abogados de California, es un abogado experto en leyes de inmigración en los EE.UU. con oficinas en Sherman Oaks, California, (866) 986-1295, Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla .    El abogado Quintanilla está escribiendo una novela sobre un tópico ignorado de la historia de América Latina y en la cual hay episodios que ocurren en Honduras. 

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