En la lucha por el empleo digno PDF Imprimir E-Mail

Por Willian E. Marroquín (*)

 

SAN SALVADOR - El informe de desarrollo humano del PNUD 2007-2008 para El Salvador indica que el subempleo y no el desempleo es el principal problema del mercado laboral salvadoreño. Ahora con la crisis financiera internacional y su impacto adverso en nuestra ya deteriorada Economía, ambos subempleo y desempleo se convierten en prioridad de la nación.

 

 

Estar desempleado se entiende muy bien, pero el informe del PNUD da un salto adelante y define el concepto de subempleo como sigue: “El subempleo es una estrategia generalizada en el país para obtener ingresos. “Rebuscarse”, ponerse a trabajar en lo que sea, aunque se obtenga menos del salario mínimo, aunque se trabaje menos horas que las de una jornada completa. Aunque no alcance para mantener a la familia, aunque no se puedan satisfacer las necesidades básicas. Aunque se carezca de acceso a las redes de seguridad social. En eso consiste estar subempleado”.

 

 

Muy similar a esta definición, Luiz Ros, gerente de la oficina de “Oportunidades para la Mayoría” (http://www.iadb.org/OM/?lang=es), un programa del BID presentado recientemente en el país con el apoyo de FUNDEMAS y FUSADES, escribe que unos 360 millones de latinoamericanos, se enfrenta al “castigo de la pobreza”. Es decir, a una especie de impuesto por ser pobres que se traduce al final de cuentas en costos más altos para obtener bienes y servicios básicos.

 

 

¿Cómo enfrentar el desempleo y el subempleo en el país? Requiere de abordajes distintos pero complementarios, el programa del BID “Oportunidades para la Mayoría” es una excelente idea y propone cinco modelos para generar empleos, dos de ellos me parecen importantes: el primero, es que las empresas locales e internacionales incorporen a comunidades grandes en sus cadenas de valor, adaptando sus productos y generando ingresos y oportunidades de empleo; el segundo, se refiere a que fondos de inversión se orienten hacia las mayorías de un región, brindando capital social a pequeñas organizaciones empresariales involucradas en mercados mayoritarios.

 

 

Estos modelos apuntan a un cambio en la gestión empresarial y en la forma de comportarse de los empresarios y de los empleados. En todo caso, el desarrollo de estos modelos requiere de inversiones de capital y de mucha creatividad.

 

 

Según Luiz Ros, estas mayorías en América Latina y el Caribe representan un mercado de US$ 509,000 millones en poder adquisitivo potencial. Este programa del BID hace eco al optimismo de los empresarios de convertir las crisis en oportunidades de negocios.

 

 

En este artículo voy hacer más énfasis en el subempleo, porque a la base de su solución no está solo el dinero sino la voluntad política, social y económica de los empresarios de comprometerse con un país distinto. Es claro que no todos los empresarios son iguales, lo aquí expuesto hace referencia a empresarios para los que la responsabilidad social no está en su vocabulario y mucho menos en sus actuaciones.  En ningún momento pienso que ser empresario es malo, por el contrario pienso que el “motor de la innovación” de un país está en las empresas.

 

 

El subempleado, como lo define el informe del PNUD, tiene muchas similitudes con la vida del colono de una finca de nuestro país, el cual con solo tener un lugar en donde vivir y criar a sus hijos, paga con su trabajo al patrono (el dueño de la finca) y este último considera que con solo darle un lugar en donde vivir y proporcionarle algún trabajito eventual es suficiente para que viva.

 

 

En estas condiciones de trabajo el colono y el subempleado siguen siendo tratados casi como esclavos en el modelo de libre mercado establecido en nuestro país.

 

 

Para aclarar un poco esta situación cito a continuación el significado del colonato: “El colonato fue una institución de Derecho Romano y una forma de explotación de las tierras de cultivo. El colono poseía un estatus intermedio entre la esclavitud y la libertad: era aquella persona libre que cultivaba una tierra que no le pertenecía y estaba ligado a ella, sin poder abandonarla. Por el hecho de cultivarla pagaba un canon o renta, ya fuera en dinero o en especie”. En el caso de nuestro país, el colono es libre de trabajar en la finca, su pobreza lo obliga a estar en ella y,  éste paga al patrono con su trabajo para tener un lugar donde vivir. De manera similar, el subempleado se rebusca para seguir en el país, aunque lo que gana le sirve simplemente para mantenerse ocupado y para conseguir algunos ingresos que le permitan cubrir un conjunto limitado de necesidades.

 

 

La mentalidad del colonato se mantiene en muchos estratos de nuestra sociedad de manera consciente o inconsciente. El empresario cree que con solo dar empleos hace una gran labor, le importa poco el salario y las condiciones en que laboran sus empleados, solo vean el caso de las maquilas. Esta mentalidad se hace aún más  evidente cada vez que tenemos elecciones presidenciales, en donde la campaña sucia se encarga de transmitir el mensaje “si votas en contra puedes perder tu empleo” o de manera equivalente  “la finca (empresa) se puede ir a otro país”.

 

 

En este tipo de relación empresario-subempleado o terrateniente-colono que se ha desarrollado en el país por años, se crean dos tipos de ciudadanos: el que proporciona el trabajo se convierte en el ciudadano ejemplar, el que genera la riqueza, al que se premia y al que se debe admirar. Mientras que el empleado o subempleado y, por supuesto, el colono son ciudadanos de segunda clase.

 

 

También, en la mayoría de medios de comunicación masivos del país se mantiene la mentalidad del colonato y, desde sus secciones de opinión se presentan ideas como la siguiente: “No votes por los que nunca han creado empleos y no saben lo que es pagar una planilla de empleados a fin de mes,  etc”. En algún momento, un periódico encargó una encuesta en la que la pregunta principal era “¿Quién manda el candidato o el partido?”. Es claro que este tipo de actuaciones se usan para descalificar a los adversarios políticos y para reforzar en la población la falsa creencia de que solo los empresarios son capaces de gobernar el país.

 

 

En resumen, empresarios y subempleados+desempleados deben cambiar de mentalidad si queremos que este país avance. Los primeros deben tener una dosis alta  de ética y honestidad y disminuir su avaricia. Los segundos deben mejorar su educación para aprovechar su talento natural de “rebuscarse” para salir adelante. Para ambos la base fundamental es la educación y la solidaridad.

 

 

Los empresarios deben entender que el reparto de la riqueza comienza en la empresa pagando salarios adecuados al trabajo que realizan sus empleados, estableciendo precios justos a sus productos de tal forma de no “robar y saquear” a sus clientes, pagando sus impuestos y prestaciones sociales correctamente, tratando a los empleados como seres humanos, etc. De qué libre mercado hablan los empresarios cuando estos temas fundamentales no están en discusión. Basta observar cómo se comportan cuando la población les pide  precios justos a los combustibles, a los alimentos, a las medicinas, etc. Para los empresarios ceder a estas justas demandas es atentar contra el libre mercado.

 

 

Ahora que están en crisis por falta de liquidez en la banca, es interesante ver como se disputan los 500 millones de dólares que ha ofrecido el BID. Como siempre, bajo la excusa de que se están perdiendo empleos en la construcción, los empresarios piden que el préstamo se oriente al otorgamiento de créditos para la vivienda, en ningún momento mencionan que es necesario aumentar el salario a los trabajadores de la construcción ni mucho menos en cuánto bajarán los precios de las viviendas para que la población pueda acceder a un techo digno.

 

 

Hace unos meses los empresarios y sus gremiales hablaban de que el gobierno debería ser austero en sus gastos, ahora le piden que lo antes posible ejecute su presupuesto. Cuando no hay crisis, que el libre mercado “haga su agosto”, cuando estamos en crisis que el gobierno intervenga. ¿Por qué no actúan de manera consistente cuando los que están en crisis son la mayoría de los salvadoreños?

 

 

La responsabilidad social les alcanza para contabilizar e inflar las cifras de empleos, las ganancias son parte de las libertades que no se tocan. El ex candidato McCain decía que él no iba a repartir riquezas sino que oportunidades, ¿Les parece algo conocido este razonamiento?, lo interesante es que con este discurso perdió.

 

 

Como lo reitera el presidente de FUNDAMAS en una columna de opinión “el sector privado debe adoptar un modelo de gestión empresarial no solo más incluyente sino más sostenible en el tiempo”. Yo les diría a los empresarios que no sean ortodoxos con el libre mercado, la actual crisis financiera ha demostrado al mundo que los controles al mercado son necesarios.

 

(*) Vicerrector de la UCA y colaborador de ContraPunto

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