Manipulación religiosa PDF Imprimir E-Mail

Por Luis Armando González (*)

 

SAN SALVADOR - Hay cosas que son ciertamente perversas, y una de ellas es la manipulación religiosa.  Y es que, independientemente, que se crea o no en los dogmas de una fe particular, lo religioso tiene que ver, además del misterio que las justifica, con convicciones profundas de las personas que creen en ese misterio. 

 

 

De ahí la enorme responsabilidad pública –-además de otras responsabilidades más trascendentes— de quienes están investidos de alguna autoridad religiosa.  Desde un punto de vista secular, no tienen nada especial, más que su formación intelectual –-si es que tienen alguna—, y por lo tanto deberían ser tratados y juzgados con los mismos criterios que se usan para juzgar y tratar a cualquier otra persona.

 

 

Obviamente, no es así en todas las circunstancias. De hecho, hay situaciones en las cuales los líderes religiosos gozan de protecciones civiles y políticas especiales; y si a ello se suma el respeto del que puedan gozar en virtud del peso de lo sagrado/religioso en una sociedad determinada,  esos líderes religiosos pueden ser vistos (y de hecho son vistos) como personas con un don especial, un don que les permite hablar siempre con la verdad, ser justos, solidarios y buenos.

 

 

No cabe duda de que en las distintas iglesias y religiones hay líderes que intentan con la mayor honestidad hablar con la verdad, ser justos, solidarios y buenos.  Es indiscutible que cometen muchas equivocaciones, pero las mismas son explicables por sus mismas limitaciones humanas y no por un afán consciente de fallarle a la verdad, a la justicia, a la solidaridad o a la bondad.

 

 

Sin embargo, hay líderes religiosos que con absoluta conciencia traicionan esos valores fundamentales de las religiones más importantes, especialmente del cristianismo.  Obran en contra de esos valores, pero los siguen proclamando como lo esencial de su fe y de su práctica. Y miles de personas los ven como portavoces ejemplares de los mismos.  Es decir, esas miles de personas son manipuladas con la mayor impunidad por unos líderes religiosos que, sabedores del peso social de determinadas creencias, juegan con ellas según su propia conveniencia…. O según conveniencias políticas.

 

 

Porque es esto último lo que se viene dando en El Salvador desde hace un tiempo para acá: líderes religiosos que manipulan las creencias de la gente para orientarlas políticamente hacia ARENA.  Los ejemplos sobran, y van desde las prácticas más elaboradas hasta las más grotescas.  Entre estas últimas destaca una reunión de culto (de “avivamiento”), transmitida por el canal 10 en días recientes,  en la que una mujer (¿lidereza religiosa?) oraba con emotividad (incluso hablando en “lenguas”) ante un auditorio en el que se encontraban, entre otras figuras de ARENA y el gobierno, el presidente Antonio Saca.

 

 

Casi todas estas figuras políticas seguían la oración de la mujer con la emoción, los gestos y la concentración propios de quienes están plenamente identificados con lo que se predica. Y la mujer hablaba de lo bien que está El Salvador, de que se tiene que cuidar el país que tenemos, de que Dios ha bendecido esta tierra.  Se trató de un mensaje político, favorable al gobierno y ARENA, teñido de un ritual religioso.  Ni más ni menos que eso. Es decir, se trató de un claro intento de manipulación religiosa con fines políticos.

 

 

Esa manipulación no tenía como protagonista sólo a la mujer que predicaba. Eran parte de la misma los funcionarios de gobierno que asistían al acto y hacían suyo el ritual de la celebración.  Ciertamente, el presidente de la República podrá tener las creencias que quiera, pero como presidente lo es de un Estado no confesional, lo cual lo obliga a reservarse –-mientras sea presidente de la República— cualquier opinión o comportamiento que recubra su gestión presidencial con un velo religioso cualquiera. 

 

 

Y lo que sucedió en ese culto fue justamente lo contrario a esta exigencia constitucional, pues lo que se estaba haciendo, a través de la televisión estatal, era cubrir con un manto religioso un ejercicio de gobierno que no puede ni debe verse investido de ese manto.  ¿Quién se encargará, desde el Estado, de recordarle al presidente Saca sus atribuciones y obligaciones constitucionales?  ¿Será la Asamblea Legislativa? ¿Será el Órgano Judicial? ¿O tendrán que hacerlo los ciudadanos y ciudadanas a través de una movilización pública?

 

(*) Politólogo y columnista de ContraPunto

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