Las nuevas intervenciones en la UES PDF Imprimir E-Mail

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Por Magdalena Flores / Tomas Andréu / René Posada

 

SAN SALVADOR –  Hace 16 años el conflicto armado terminó con los Acuerdos de Paz en 1992, eso significó un adiós a la intervención militar en la Universidad de El Salvador (UES). Ahora, minúsculos y obsoletos grupos paralizan las actividades académicas y administrativas en el Alma Máter. La bota militar cambió de pie.

 

Cerrado el conflicto armado, la universidad todavía es intervenida eventualmente, no por grupos militares, sino por gremios o grupos de la misma universidad que según docentes y estudiantes consultados por ContraPunto, lo único que buscan es satisfacer sus propios intereses.

 

Capuchas y cócteles molotov

 

El más reciente de los cierres ha sido ejecutado por el Sindicato de Trabajadores y Empleados de la Universidad de El Salvador (SETUES), junto a la Brigada Revolucionarias de Estudiantes de El Salvador (BRES), quienes cubiertos con gorros pasa montañas, armados con palos, morteros y bombas molotov, se tomaron las instalaciones de la rectoría y las oficinas administrativas desde hace más de un mes.

 

Sus exigencias es el reinstalo de tres sindicalistas despedidos el año pasado, entre ellos su secretario general, Alfredo Martínez.

 

En cambio, en tiempos de la guerra las intervenciones y exigencias de los estudiantes eran distintas. Durante la década de los años 70 y 80, la UES fue intervenida militarmente en varias ocasiones. El 19 de julio 1972 fue ocupada hasta finales de 1973 por el gobierno del Coronel Arturo Armando Molina. También el 26 de junio de 1980 fue intervenida nuevamente, dicha ocupación obligó a los estudiantes y personal de la universidad a vivir tres años en el exilio.

 

Osmín Domínguez, quien fue estudiante de la UES en los años 70 y perteneció a la organización Universitarios Revolucionarios 19 de Julio (UR19) señaló a ContraPunto que antes estaban bien organizados y luchaban siempre “por la calidad educativa” y porque se terminará “las intervenciones militares”.

 

De acuerdo al docente del Departamento de Periodismo, René Cubías,  una de las asociaciones más representativa de la universidad en el pasado fue la Asociación General de Estudiantes Universitarios (AGEUS), la cual “tenía un gran poder de convocatoria”, tanto a fuera como adentro de la universidad. Además estaba integrada por grandes intelectuales y con gran liderazgo, como el poeta Roque Dalton.

 

En cambio ahora las intervenciones están dirigidas por pequeños grupos dispersos, como la reciente toma de edificios, la cual ha causado una convulsión a nivel interno de la institución. Por primera vez no hubo apertura al diálogo de las autoridades, pues al día siguiente de la toma de los edificios, el 16 de octubre, el rector de la universidad, Rufino Quezada, interpuso una demanda ante la Fiscalía General de la República (FGR) para solicitar la intervención de la policía, entre otras cosas. 

 

Eso hizo agravar más la situación, porque hasta los sectores y grupos que lo apoyaron en su postulación  se le han puesto en contra. Sin embargo se conoció de primera mano que al fin el Consejo Superior Universitario (CSU) estableció una mesa de diálogo, que posiblemente comience las negociaciones esta semana.

 

Pero según Héctor Benítez, representante estudiantil en el CSU, si las negociaciones no llegan al acuerdo esperado “la crisis  podría agravarse, podríamos llegar a un colapso de la institucionalidad donde la figura de rector no cuente. Incluso organizaciones estudiantiles amenazaron con encargarse de la destitución de las autoridades centrales y de todas las jefaturas, si no solucionaban esto pronto”.  Image

 

Ante está problemática el ex vicerrector de la UES, Francisco Marroquín, en su columna “Universidad de El Salvador: Historia de un secuestro” señala que los liderazgos de estos movimientos tienen perfiles claramente anti universitarios, solamente los mueve el saqueo de los recursos financieros, sin importarles que ello es un proceso negativo para sus propios intereses”. Opinión que es respaldada por estudiantes y docentes de economía y periodismo que prefirieron no ser identificados.

 

Por su parte, el escritor salvadoreño Manlio Argueta, hace referencia que “lo que pasa en la universidad es reflejo de impunidad. Cada quien quiere hacer lo que le place, si cree que tiene el poder de hacerlo. Eso no puede ser, es inconcebible que 22 personas puedan disponer de la enseñanza superior en contra de miles de académicos que se supone son la garantía de nuestro desarrollo”.

 

Aunque la toma de las instalaciones administrativas y de rectoría no han perjudicado las clases de los más de 50 mil estudiantes, muchos procesos académicos sí han sido suspendidos, como las graduaciones.

 

La UES, conocida popularmente como la Universidad Nacional, debido a que la única universidad estatal, siempre ha gozado de un buen prestigio, pero hechos como la toma de edificios y manifestaciones siempre ha puesto en tela de juicio sus enseñanzas. A pesar de todo eso, según docentes y estudiantes consultados por ContraPunto, todavía sigue gozando de una buena calidad educativa a pesar de todas sus limitaciones económicas.

 

De acuerdo al rector Rufino Quezada, “el presupuesto para la universidad es bien poco, para decirles que de los 54 millones que tenemos ahorita básicamente 50 millones son para salario y prestaciones laborales y 4 millones para funcionamiento de ahí la universidad genera un recurso a través de las cuotas estudiantiles y algunas actividades productivas que le permiten a la universidad ocupar ese recurso en el funcionamiento”. 

 

De la UES cada año se gradúan aproximadamente 3 mil estudiantes, para el próximo año esperan contar con una población estudiantil de 55 mil estudiantes.

 

Desde la época pasada a la actualidad un sin fin de gremios y asociaciones han venido surgiendo en el interior de la universidad, pero éstos en su mayoría, principalmente los gremios, lo único que han hecho es “desprestigiar la imagen de la universidad” quebrando vayas publicitarias, manchando paredes y lanzando piedras y cohetes cuando salen a las calles a marchar o se toman las instalaciones de la UES.

 

En su  mayoría han adoptados modelos similares a los ejecutados por grupos y asociaciones del pasado en el período del conflicto armado.
 
“Antes se pintaban algunas paredes en las marchas, pero también se era más respetuoso y con objetivos más claros”, destacó Domínguez. Añade que “en aquella época la gente tenía miedo de movilizarse por el temor que se le tenía a la Guardia (Nacional),  y sin embargo eran masivas las movilizaciones, pero hoy la gente más bien les tiene temor a los mismos estudiantes”.

 

Por su parte, Ricardo Mena, quien fue estudiante del Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) y quien perteneció al movimiento Fuerzas Universitarias Revolucionarias 30 de Julio  (FUR 30), señaló que “en aquel entonces nosotros nos planteamos metas concretas, y ahora siento que la falta del estudio de la realidad por parte de los estudiantes los lleva a una falta de identidad ideológica.

 

Es decir que la realidad con la que nosotros nos movimos no es la misma, por lo que se comenten errores y lo que se hace es un calco de la realidad anterior”.

 

“Me encantaría ver propuestas y que las pudieran defender y discutir con otros sectores, eso seria bastante importante más que estar quebrando unos cuantos vidrios  y manchando paredes”, añadió.

 

ImageRicardo Rebollo, estudiante de periodismo, dice que entre las asociaciones y organizaciones que funcionan actualmente, que en total suman 26 entidades, “hay una gran pugna que no permite el desarrollo de la universidad porque no hay armonía, y ni siquiera se trabaja por la unidad estudiantil”. Opinión que es respaldada por José Luis Canizales, miembro de la Asociación de Estudiantes de Derecho (AED).

 

Sin embargo, en la época de los años 70 las movilizaciones que los estudiantes organizaban, llegaban hasta más de 30 mil personas, hoy no pasan de los  mil,  pero ¿qué pasó con la capacidad intelectual estudiantil para afrontar las crisis de manera estratégica y madura? ¿Por qué  los movimientos estudiantiles actuales no se logran quitar esa imagen de encapuchados violentos y tira-piedras?

Canizales sostiene que lo que sucedió es que después de los acuerdos de paz todos los estudiantes que deberían haber dado el relevo a las nuevas generaciones no lo hicieron, porque “muchos dirigente se fueron a engrosar las filas del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN)” y porque en los períodos de los 90 el movimiento estudiantil quedo “prácticamente huérfano y tuvo que redefinirse solo”.

 

“Y se ha llegado a un punto tan bajo del movimiento que ni siquiera se le puede decir movimiento, si no que hay sólo organizaciones” aseveró.

 

De acuerdo diferentes sectores universitarios consultados por ContraPunto, en la actualidad han proliferado organizaciones que no tienen nada que ver con lo académico y político. Sus miembros sólo se ven para las marchas del 30 de julio y las tomas de las instalaciones para exigir la aceptación de más estudiantes de nuevo ingreso. Aunque la guerra ya finalizó, estos grupo todavía siguen adoptando mecanismos que ya están fuera de contexto, como usar bombas molotov, gorros pasamontañas y consignas de guerra que ya no vienen al caso.

 

La luz al final del túnel

 

No todo en la UES, sin embargo, es toma de edificios, lucha de grupos, organizaciones estudiantiles dogmáticamente obsoletas ni editoriales al estilo inmejorable de Enrique Altamirano. También hay progreso, apuestas académicas, búsqueda de estar a la altura de las nuevas tecnologías y conocimientos.

 

La UES es la única universidad que hasta el momento mantiene su horizonte académico hacia las humanidades, cuando universidades privadas están construyendo carreras con perfil estrictamente mercadológicos, donde la realización del ser humano descansa en el binomio “bienes y servicios”.

 

El arte, la literatura, las ciencias sociales y una carrera estrictamente de periodismo siguen dentro del Alma Máter. En años anteriores, la UES creó carreras como las de antropología e historia, dos importantes disciplinas que han mostrado logros y aceptación en la comunidad estudiantil, a tal punto que han logrado articular congresos tanto a nivel nacional y regional.

 

El director del Instituto de estudios históricos, antropológicos y arqueológicos de la UES, Ricardo Argueta, opina que “aún hay interés dentro de la universidad por el desarrollo  de las ciencias sociales, un punto de apoyo que puede llevar hacia el amor al conocimiento de nuestro jóvenes estudiantes”.

 

El director del programa Jóvenes Talentos de la UES, Carlos Canjura, también habla sobre el alcance académico que la institución ha logrado obtener a nivel internacional con dicho programa, que ha buscado fomentar el interés hacia las matemáticas y las ciencias naturales en los jóvenes.

 

Hasta el momento El Salvador ha logrado ganar consecutivamente en los años 2007-2008, una medalla de oro en sus participaciones en la Olimpíada Iberoamericana de Matemáticas. En 2008 el país tiene la posición número 7 a nivel de los 22 países iberoamericanos que participan.

 

“Esto refleja lo que nuestros jóvenes serían capaces de hacer si les generáramos los ambientes adecuados para desarrollar su potencial en las diferentes disciplinas”, afirma Canjura. A pesar que el programa Jóvenes Talentos posee alrededor de 11 años de existir, fue hasta el año 2000 que empezó a recibir apoyo financiero del Ministerio de Educación y de la misma UES, aunque año con año este apoyo ha ido menguando.

 

La Universidad de El Salvador sigue siendo un foco académico importante, pero necesita repensar su rumbo. El sociólogo Argueta, pone las cartas sobre la mesa para empezar a construir un cambio en el alma máter: “Todos formamos parte de la UES (la sociedad también con sus impuestos), pero nos ha faltado ser autocríticos, reflexivos, ser más eficientes, dedicados a nuestras áreas. Todos tenemos una responsabilidad con la UES” y evadirla significaría no consolidar un verdadero proyecto académico que vitalice el desarrollo humanístico y científico de El Salvador. La UES nos espera.

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