Grupos de poder podrían meter mano en préstamo BID PDF Imprimir E-Mail

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Por Edgardo Ayala

 

SAN SALVADOR- Como niños que en una piñata piden una tajada de un pastel que no alcanzará para todos, diversos sectores de la economía nacional han comenzado a levantar la mano queriendo recibir su porción de los $500 millones que el Gobierno ha logrado conseguir, no sin desesperación, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), para inyectar dinero a una economía impactada ya por la crisis internacional.

 

El sector de la construcción dice necesitar unos $375 millones para salir del estancamiento en el que se encuentra; la pequeña y mediana empresa, $75 millones; los estatales Banco de Fomento Agropecuario (BFA) y el Banco Hipotecario, $50 millones, a los que se agregan los cafetaleros, los industriales y un largo etcétera. Todos quieren, pero el pastel no alcanza. El Gobierno ya tiene bien adelantado el otorgamiento de otros empréstitos: $1,300 millones que vendrían del Fondo Interamericano Internacional (FMI), y otros $1,000 millones, del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE). Pero de momento, los que ya tiene en la mano son únicamente los $500 millones del BID.

 

La noticia del aporte del BID  ha sido bien recibido por la mayoría de economistas. Ante la escasez de dinero en las plazas internacionales, golpeadas por la crisis financiera que se gestó en Estados Unidos pero que se ha regado como un virus al resto del mundo, los bancos locales han comenzado a restringir el otorgamiento de préstamos, que son la grasa con que se engrasan las ruedas de la carreta del sector productivo.

 

La Encuesta de Dinámica Empresarial, que mide la percepción del empresariado de la actividad productiva, realizada por la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (Fusades), señala que la contracción del crédito a los privados alcanza un saldo negativo de -8% al tercer trimestre de este año. Cifras oficiales revelan que el crédito a ese sector alcanzó los $9,507 millones a septiembre de este año, cifra que representa un incremento del 7.7% en relación al mismo mes del 2007, pero ese crecimiento es nulo si se le agrega la tasa de inflación.

 

De allí que la llegada de los $500 millones otorgados por el BID ha sido recibido con bombos y platillos, aunque, como ya lo advirtió la Cámara Salvadoreña de Comercio e Industria, el monto no alcanzará a cubrir las demandas de los diversos sectores que, ávidos, quieren más.

 

Claro como la horchata

 

Pero, si bien la mayoría de economistas aplauden la medida, algunos creen que la operación debe verse con lupa, a fin de evitar manejos dudosos en torno a dónde irá a parar ese dinero, qué sectores de la economía serán los beneficiados, que no haya tráfico de influencias para beneficiar a unos y dejar fuera a otros, etc.

 

Y es que, desde que el Gobierno anunció la medida, a mediados de noviembre, ese “cómo”, el detalle del mecanismo con todas sus menudencias, aún se desconoce, generando incertidumbre.

 

En principio, el Gobierno, a través del Banco Central de Reserva (BCR), le comprará “cartera” crediticias a los bancos del sistema. Es decir, recibirá de éstos “papeles” o documentos que certifiquen y respalden el otorgamiento de créditos por parte de esos bancos comerciales, y que ahora pasarán a manos del BCR. A cambio, los bancos recibirán fondos provenientes del BID que colocarán en forma de nuevos créditos para el sector productivo. Hasta allí, todo bien.

 

Pero el economista Héctor Vidal ve ya algunos problemas. Primero, se desconoce qué tipo de “cartera” va a comprar el BCR de los bancos locales. No vaya resultar que la operación incluya en su mayoría créditos malos y hasta vencidos. “Que no vayan a salir con que el BCR va a comprar lo que se llama en la jerga papeles tóxicos, que no tienen ninguna garantía (…) son préstamos de tercera y cuarta categoría, muy riesgosos, que nadie quiere”, dice Vidal.

 

Esos “papeles tóxicos” son documentos que garantizan los préstamos pero que los negocios beneficiados con el crédito no generan los suficientes recursos para saldar la deuda.

 

No es que Vidal sea un desconfiado enfermizo. Más bien es alguien que ha aprendido a ser cauteloso a partir de oscuras experiencias que el país ha tenido en el pasado en el tema financiero. A su memoria llega, por ejemplo, el caso del “saneamiento” de la banca impulsado en 1990 por el gobierno del entonces presidente Alfredo Cristiani, una operación que costó a los bolsillos de los contribuyentes unos $705 millones, al cambio de 5 colones de entonces.

 

Funcionó así: Antes de privatizar la banca, que era estatal, el gobierno se encargó de crear un ente, el Fondo de Saneamiento del Sistema Financiero (Fosafi), cuya misión fue justamente la de “comprar” aquellos créditos malos y vencidos de los bancos, y dejarlos limpios para que inversionistas privados, muchos de ellos amigos de Cristiani, compraran acciones de esos bancos, “quedándose sólo con la carnita”, como dice Vidal.

 

La historia de Credisa, otro banco que tras quebrar en 1999 fue dejado sólo con la carnita para que otros banqueros se hicieran con él, también es recordada por el economista. Los contribuyentes, de nuevo, pagaron los $142.5 millones que costó aquella operación. “Esos son los antecedentes que tenemos”, agrega.

 

Sin embargo, ahora que el BID está detrás de la operación, se supone que las cosas no se manejarán como en aquellos días de exabruptos políticos. Pero las dudas flotan en el ambiente, sobre todo si la normativa que regulará la colocación en la economía de los $500 millones aún no ha sido definida, aunque se está trabajando en ello.

 

La presidenta del BCR, Luz María de Portillo, ya ha hablado de comprar cartera “A”, es decir, créditos buenos, pero eso aún está por verse. En todo caso, no sobran los consejos de lo que no se debe hacer.

 

El economista Santiago Ruiz, presidente del Colegio de Profesionales de las Ciencias Económicas (COLPROCE), propone que, en aras de lograr una mayor transparencia, los fondos se canalicen por medio del Banco Multisectorial de Invrsiones (BMI).

 

¿Peces gordos de pesca?

 

Ruiz también ve con buenos ojos la maniobra ejecutada por el BCR y el BID, por lo mismo que ya se ha señalado: se necesita que los bancos otorguen créditos para que la economía funcione.

 

El pero es este: “Hay que tener cuidado, pues la voracidad de los sectores empresariales ya comenzó a funcionar”, dice. Se refiere a la posibilidad de que grupos de poder económico con vínculos directos con las esferas políticas, puedan maniobrar y echar mano de tráficos de influencias para lograr que el sector de la economía al que ellos se dedican, resulte beneficiado con una buena tajada de los fondos del BID. Image

 

“Puede que sectores consigan fondos no para las actividades productivas que se quieren promover, sino para otras áreas, especialmente actividades comerciales y de servicio (…), sectores que normalmente han sido los más voraces en esas áreas van encima de esos fondos”, apunta.

 

Ruiz piensa que el sector de la construcción es uno de los que, en efecto, debería de obtener parte de los recursos que canalizará el sistema financiero. Es uno de los que mayores fuentes de empleo ofrece en el área urbana, sobre todo a sectores de la población con poca escolaridad, pero que la crisis lo ha postrado y ya son más de 2,300 empleos directos los perdidos, y la cifra sube a 13,000 si se incluye los empleos indirectos, de acuerdo a estimaciones de la Cámara Salvadoreña de la Construcción (Casalco).

 

La construcción es quizá el sector más postrado de todos. Los créditos otorgados a ese rubro alcanzaron los $527 millones a septiembre del 2008, que representa un 0.1% con respecto al mismo período del 2007, según cifras de la Superintendencia del Sistema Financiero (SSF). Por su repercusión social, es uno de los sectores que urgen por asistencia crediticia.

 

Sin embargo, Ruiz sostiene que en ese rubro operan algunos de los consorcios constructores más voraces no sólo en términos del daño al medio ambiente, elevando construcciones de centros comerciales y complejos habitacionales de lujo sin reparar las repercusiones medioambientales. Voracidad también en el sentido de financiarse de la banca para echar a andar sus proyectos, sin arriesgar dinero propio.

 

Al parecer, algunos proyectos dentro del rubro construcción, específicamente en vivienda, han sido beneficiados con financiamientos de hasta el 100% por parte de la banca, y eso está fuera de los parámetros aceptables, de acuerdo al presidente de la Asociación Bancaria Salvadoreña (Abansa), Armando Arias, citado por La Prensa Gráfica en su edición del 17 de noviembre pasado.

 

Otros analistas financieros creen que es conjetura eso de pensar que grupos poderosos puede hacer lobby para llevar aguas crediticias a su molino. René Medrano, director de Fitch Centroamérica, sostiene: “Es conjeturar, el BCR compra la cartera y son los bancos del sistema quiénes deciden (a quién dar créditos) (…) además, los bancos más grandes, que se han internacionalizado, responden menos a intereses locales sino que a las decisiones de sus casas matrices, de modo que los empresarios locales tienen menos injerencia en las decisiones que tomen las instituciones financieras”.

 

La información sobre si el sector de la construcción va o no ser receptor de los recursos del BID es ambigua y confusa. El Diario de Hoy citó al presidente Elías Antonio Saca diciendo que es imposible financiar al sector de la construcción con lo que está pidiendo, que son más de $350 millones. Pero más tarde, el 21, Diario El Mundo dijo que el mandatario señaló que sí se va a incluir.

 

En tanto, al menos una docena de proyectos se encentran detenidos por falta de fondos, reportó El Faro, el 10 de noviembre. Entre esos se encuentran El Pedregal, que ha sido diseñado como un edificio con apartamentos de lujo, el más alto de la ciudad, a cargo del Grupo Roble, el brazo inmobiliario del Grupo Poma. El proyecto también comprende un hotel cinco estrellas y tres edificios para oficinas.

 

Y también Plaza Futura está estancado, un centro comercial que se levantaría en la Zona Rosa. El Diario de Hoy, por su parte, reportó el 17 de noviembre que el megaproyecto Porto Pango, que se edificaría en el Lago de Ilopango y que incluiría un hotel, condominios y acceso a la isla privada dentro del lago, no ha podido avanzar por la falta de créditos.

 

El matutino citó al ministro de Turismo, Rubén Rochi, diciendo: “El impasse les ha obligado (a los inversionistas) a cambiar la figura de financiamiento, antes más enfocada en deuda que en patrimonio. Ahora la figura se ha invertido y están a la búsqueda de más socios que de deuda”.

 

Los rostros de la crisis

 

A los 13 mil empleos que estarían resultando afectados por la crisis internacional, a través de la contracción del crédito a las empresas locales, habrá que ir sumando más afectados.

 

A mediados de noviembre, El Comité Nacional Laboral, que aglutina a varias organizaciones civiles que siguen de cerca el tema de los derechos laborales, anunció en una conferencia de prensa que al menos 10,000 empleos han sido cesados en el sector de la maquilas textiles, entre septiembre y noviembre de este año, afectando sobre todo a mujeres.

 

Francisco Chicas, del Grupo de Monitoreo Independiente de El Salvador (GMIES), señaló que la maquila textil siempre ha sido un sector volátil, que experimenta cierres frecuentes, pero el nivel de despidos vistos es tal, que no se puede explicar como una tendencia normal del sector. “La maquila siempre ha mostrado mucha volatilidad laboral, pero vemos que en estos despidos pueda que la crisis internacional ya esté impactando”, dijo.

 

“Me preocupa que no tenga para mantener a mis tres niños”, dice desconsolada Evelyn Alcántara, madre soltera de 32 años, despedida el pasado 9 de octubre de la fábrica Huo Textil, de la Zona Franca San Marcos.

 

Fusades señaló en su Informe Trimestral de Coyuntura que la maquila ha crecido un 12.5% a septiembre del 2008, pero advierte que ese crecimiento es el cumplimiento de los contratos pactados con anterioridad, y se espera que esa tendencia caiga en los próximos meses, cuando la crisis estadounidense se traduzca en menos pedidos textiles. Habrá entonces una reducción en la demanda y eso podría llevar incluso a cierre de empresas.

 

En meses previos, se han reportado despidos en compañías distribuidoras de automóviles, almacenes, así como en los medios de comunicación, como ocurrió con el recorte de periodistas en el matutino La Prensa Gráfica, el pasado 14 de agosto. La actual tasa de desempeo.

 

La crisis también está impactando al país la caer el crecimiento de las remesas, pasando de un 17.3% en el 2006, a un 5.3% en 2008.

 

El golpe también viene a los salvadoreños, entre otros, por el lado de la subida de las tasas de interés por créditos. Héctor Vida dice que, si bien es cierto que al encarecerse el dinero las tasas tienden a subir, la banca local sólo lo aplica para las tasas activas (por créditos) pero no para las pasivas (por depósitos), con lo cual se afecta el bolsillo de los salvadoreños. “Los bancos centrales de otros países están bajando las tasas, para fomentar la llegada de depósitos, pero aquí las suben, aquí la cosa es al revés”, dice.

 

Y agrega, en torno a la operación del BCR de buscar recursos: Lo que el BCR está haciendo es rescatando una de las funciones que tenía el BCR antes de la dolarización, que era la de ser prestamista de última instancia, si pasaban crisis internacionales graves. “Esto era uno de los problemas que veíamos aquellos que nos opusimos a la dolarización”. Ahora lo está haciendo, sólo que debe buscarlo en dólares en las plazas internacionales para el consumo interno, y a costa de mayor endeudamiento.

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