La religión, el nuevo imperialismo PDF Imprimir E-Mail

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Por Miren Ayesa Aranoa

 

SAN SALVADOR- El pentecostalismo es la rama evangélica con más auge en Latino América. Basta con ver los canales de televisión que emiten las 24 horas sermones de pastores que aseguran que “el fin del mundo está cerca” o subir a cualquier autobús para darse cuenta que el auge de esta doctrina está llenando las calles y las vidas de la población salvadoreña.

 

Aunque el protestantismo ya logró penetrar en la época colonial, lo cierto es que no sería hasta hace cuatro décadas que las iglesias evangélicas comenzarían ha proliferar. Así, algunos estudios señalan que cerca del 25% de la población salvadoreña pertenece a iglesias evangélicas frente a un 57,1% de católicos según un estudio realizado en 2003 por la Universidad Tecnológica.

 

Las iglesias pentecostales tienen como objetivo predicar el evangelio de Jesucristo y se basan principalmente en que el Espíritu Santo reparte dones a la iglesia y que como evidencia de ello, algunos de sus seguidores reciben dones, como el de hablar en lenguas, profecías o realizar sanaciones milagrosas. Las personas que acuden a este tipo de iglesias se sienten tan cercanas a Dios que todo lo que sucede en sus vidas, tanto lo bueno como lo malo, es obra de Él y por lo tanto, acaban viviendo una realidad sólo en torno a estas creencias.

 

Es posible que precisamente una de las razones del éxito de estas doctrinas se halle en el deseo de la gente de tener esas experiencias individuales con Dios. Según el psicólogo español Eloy Rodríguez, uno de sus pacientes, quien habría pertenecido a una iglesia pentecostal durante 20 años, presentaba “tendencias a no cuestionar la realidad, un deterioro progresivo del aspecto emocional, una transformación de la personalidad y una pérdida del sentido de la realidad”.

 

Este cuadro psiquiátrico no es aislado. La mayoría de gente que procesa este tipo de religiones acaba convirtiéndose en personas aisladas del mundo exterior que habitualmente se relaciona con gente afín a sus creencias, ya que muchas de sus conversaciones se centran básicamente en su doctrina y creen poseer la verdad absoluta. Debido a este fanatismo es muy difícil que la persona involucrada se dé cuenta de su estado, ya que como dice el psicólogo Eloy Rodríguez, “posee grandes dificultades para tomar decisiones y una gran de pendencia hacia su iglesia”.

 

Un proyecto contrarrevolucionario

 

El auge en Centroamérica de las iglesias evangélicas surgió en la década de los 60 como oposición a la Teología de la Liberación, una opción por parte de algunos sacerdotes católicos que aboga por los pobres y la acción política. Esta llegada de nuevas creencias fue impulsada desde los Estados Unidos, y legitimada por el informe Rockefeller en 1968, creado por John Rockefeller III, donde, entre otras cosas, se decía que “la iglesia ya no era un aliado para Estados Unidos”, ya que consideraba esas nuevas posiciones cercanas al comunismo. En 1969 fue más allá asegurando que era preciso reemplazar el catolicismo por “otro tipo de religión”. Así, pronto comenzó a expandirse con el apoyo económico de iglesias norteamericanas y la CIA.

 

Debido al conflicto armado de El salvador en la década de los 80, las iglesias crecieron aún más. Las grandes campañas evangélicas bajo la protección de los Gobiernos de turno, el capital estadounidense inyectado en iglesias evangélicas, junto a la situación de pobreza y violencia que sufría la gente, hizo que este tipo de cultos proliferaran. Una vez puesta la semilla comenzaron a crecer y a dividirse de tal modo que hoy es difícil contabilizar cuantas existen.

 

Hoy en día muchas de ellas se han convertido en grandes transnacionales de la religión. Poseen colegios, universidades, medios de comunicación (los cuales han dado la posibilidad de aumentar sus filas), sus pastores escriben en diarios nacionales y aparecen en televisiones, e incluso algunos se implican de tal manera en la política que dicen abiertamente a quién se debe votar.

 

El pastor Edgardo López Bertrand, conocido como El Hermano Toby, líder de la “Iglesia Tabernáculo Bíblico Amigos de Israel”, posee un blog en uno de los periódicos más vendidos del país y realiza entrevistas en su propio canal televisivo a los principales candidatos a la presidencia, prueba del peso político que representan las y los seguidores de estas iglesias. Acaba de publicar su autobiografía, donde narra con detalles el incidente que lo llevó a ser apresado en los Estados Unidos, acusado de lavado dinero, del cual salió bien librado.

 

Según el licenciado en Teología, Salvador López, “Las iglesias evangélicas no sólo son cómplices de una realidad decadente de nuestros países, sino que no cumplen con la labor profética (refiriéndose al Jesús de la Teología de la Liberación) de llamar la atención a algunas autoridades como lo hicieron algunos predicadores como Martin Luther King, Monseñor (Óscar Arnulfo) Romero e incluso Jesús”. Son un instrumento para sectores que no quieren que haya cambios. 


Un negocio redondo

 

Algunas de estas nuevas iglesias han adoptado una teología llamada la de la prosperidad, que hace creer a los feligreses que si oran a Dios y ofrendan dinero  “voluntariamente” a la iglesia, Dios se lo devolverá multiplicado. “Creemos que el diezmo es el plan financiero de Dios. No debemos robar a Dios de su porción, es decir, de los diezmos y las ofrendas” promulga la “Iglesia Pentecostal Unida de El Salvador” en su página Web.

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Así, las principales iglesias han construido megaiglesias, con sucursales en varios países del mundo como México, Italia, Australia, Inglaterra, Chile o Canadá, con capacidad de albergar a miles de personas con administración propia, guarderías, aulas de estudio e incluso estudios de televisión. Entre ellas está la del Hermano Toby, que se encuentra en la colonia Escalón y que es una de las más grandes de El Salvador, o la Iglesia Luz del Mundo, adornada de noche con luces de neón.

 

Esta teología ha sido apreciada por muchos pastores que han visto en ella una gran fuente de ingresos, haciendo creer a la gente que el dinero les caerá del cielo, como maná. Algunos, como el tele-evangelista estadounidense Robert Titlon incluso promulgan que “ser pobre es pecado” y que “el Espíritu Santo nos hace comprender que el dinero usado en la obra de Dios es como sangre de la iglesia”, como afirmó el fundador de la “Iglesia Universal del Reino de Dios”, Obispo Edir Macebo.

 

Las iglesias pentecostales están compuestas de todas las clases sociales, aunque la mayoría de gente es de clase media baja, ya que les dan esperanzas de mejorar sus vidas. “Dios me ayudó a salir del mundo de las drogas”, afirma una persona en la sección “el muro de los milagros”, de la página Web de la iglesia “Tabernáculo Bíblico Bautista amigos de Israel”. Dejan sus vicios para pasar a ser siervos de Dios. Otros, simplemente buscan una repuesta a sus vidas. Aunque son tantas las causas como personas acuden a ellas.

 

Algunos dicen haber descubierto la verdadera fe en un momento preciso e incluso, algunos, recuerdan una auténtica experiencia mística. “Satanás me agarró del brazo pero entonces llegó un ángel y con su espada me liberó de él”, comenta un pastor en un autobús, en la frontera de Guatemala.

 

Los discursos de los pastores, adornados con música y baile, suelen ser más cercanos de los que puedan ser los de un cura de la Iglesia Católica. Hablan de sus propias experiencias y de un modo más amigable, y aunque a menudo sus discursos son vacíos y difíciles de comprender, lo cierto es que convencen a mucha gente. Ellos son los únicos aptos para interpretar la palabra de Dios y ésta es irrefutable.

 

En estas iglesias la única jerarquía que existe son los pastores que a menudo están ahí porque “Dios así lo quiso”. Algunos incluso se hacen llamar profetas. La “Iglesia de la Luz del Mundo” afirma: “Los únicos profetas son Aarón Joaquín y, actualmente, su hijo Samuel. Sería un pecado gravísimo poner en duda sus interpretaciones bíblicas. La Biblia, si no es interpretada por tales profetas enviados por Dios, no tiene ningún sentido ni mensaje”. 

 

Las mujeres no suelen ser pastoras y si lo son, hablan a otras mujeres sobre lo que tienen que hacer en relación a su pareja, siempre hombre por supuesto. Poseen ministerios propios donde se alecciona a las mujeres sobre las relaciones íntimas o sobre cómo servir a Dios. Incluso se les habla sobre la igualdad entre hombres y mujeres pero desde un punto de vista patriarcal, como lo hace el mexicano Homero Shappley miembro de la “Iglesia de Cristo”, cuya sede salvadoreña se encuentra en Zaragoza, La Libertad: “El rol, los deberes y las tareas que Dios asigna a la mujer en la iglesia, el matrimonio y el hogar no son menos importantes que los asignados al varón”, dando a entender que el papel de la mujer se centra básicamente al hogar y al matrimonio.

 

A menudo la simbología que utilizan está ligada al judaísmo y al Estado de Israel. Los evangélicos creen que Israel es “el pueblo elegido” porque así lo dice la profecía y por lo tanto, ese país tiene todo el derecho a masacrar a la población palestina, porque “Israel es un milagro”. Esto no es casualidad: Durante la guerra de los seis días en 1967 los sionistas israelíes se dieron cuenta del peso electoral de las iglesias evangélicas sionistas en Estados Unidos y comenzaron a financiarlas.

 

El ministro de la “Iglesia de Dios”, Abraham Hernández, decía en uno de sus artículos publicados en la página Web de su iglesia en 2003, año en el que el Gobierno estadounidense junto a Rusia y la ONU realizan la “hoja de ruta para la paz”, que buscaba la pacificación del conflicto árabe-israelí, que los árabes comentan que “al estar atacando a los aviones israelíes, ellos veían ángeles en vez de a los judíos” y añade que “esto manifiesta el cuidado que Dios tiene de ellos como señal de su palabra”.

 

Los evangélicos radicales no dejarán de hablar de Jesús, Dios y de la iglesia porque esa es su misión: ganar almas para que el día del Juicio Final, que está cerca, puedan subir al cielo, ya que sólo el que sea miembro de su iglesia lo hará.

 

Esta obsesión por la religión hace que familias enteras acudan al culto cada domingo e incluso involucran de tal manera a los niños y a las niñas que algunos ya se han hecho predicadores a edades muy tempranas.

 

Quizás el caso más relevante sea el del niño peruano Nezareth Casti Rey, quien a la edad de seis, con una Biblia en la mano y un traje oscuro que le quedaba enorme, predicaba: “Pero quiero decirles a todas las personas que están pensando así, o que están diciendo así, que el mono y la mona producen monitos, hasta hoy”. El video ha sido motivo de mofa en Internet pero la historia que hay detrás de este niño, ahora adolescente, es terrible. Su padre cuenta en un artículo publicado en el diario español “el País” que “a la edad de diecisiete años tuvo una revelación. Dios se le habría aparecido en sueños para decirle que le iba a dar un hijo que sería poderoso y que viajaría por el mundo predicando el Evangelio”.

 

Y así fue, pero no porque Dios así lo quisiera sino porque tanto su madre como su padre, como tantos otros, eran dos fanáticos del evangelio. El año pasado se celebró en Lima un Festival Evangélico de Niños Predicadores al que asistieron más de mil niños y niñas de todo el continente, impulsados en gran parte por el anhelo de sus padres y madres en tener un hijo o una hija enviada por Dios.

 

Casi todas las iglesias poseen centros de aprendizaje e incluso de liderazgo para preparar nuevos pastores evangelizadores y esparcirlos por el mundo. Ya no viene misioneros a El Salvador, sino que son los propios salvadoreños los que salen a predicar a otros lugares que están necesitados de “saber la gran verdad y continuar la senda del Señor”. Así cada año parten misiones evangélicas hacia Estados Unidos, España, Chile, Argentina o incluso a países africanos extendiendo sus tentáculos por todo el mundo.

 

Mientras, estas iglesias pentecostales continúan atrayendo cada día a más gente fabricando así personas dóciles y poco criticas con la realidad que las rodea, más preocupadas por el día del juicio final que por lo que sus respectivos gobiernos puedan hacer.

 

Parece ser que el plan diseñado hace décadas por el Gobierno estadounidense está triunfando y no parece que esta tendencia vaya a cambiar.

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