Los dos Zablah: El Dr. Jekyll y Mr. Hyde PDF Imprimir E-Mail

Image

 

Por Edgardo Ayala

 

SAN SALVADOR- Como en la novela de Robert Louis Stevenson, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, en la que un sujeto normal se transforma, por ratos, en un ser cercano a monstruo, tras la ingesta de un extraño brebaje, Arturo Zablah está experimentando una transformación así de violenta, aunque de otras características.

 

Por años, el ahora candidato a la vicepresidencia por la Alianza Republicana Nacionalista (Arena) se había ganado una reputación impecable del analista sagaz y crítico feroz, particularmente en relación a cómo los gobiernos de ese partido (al que no pertenecía) venía manejando el tema económico. Cuando los periodistas, nacionales e internacionales, necesitaban la voz crítica en sus notas y reportajes, nadie mejor que Zablah para darle el peso necesario.

 

¿Conflicto de intereses de funcionarios públicos en concesiones? ¿El Presidente Saca ejerce funciones constitucionalmente incompatibles? ¿Redondez del dólar que afectó los bolsillos de los salvadoreños? ¿Fracaso del sistema nacional de salud pública? Zablah enfiló sus baterías en estos temas que él dibujó con claridad en su Alianza por el cambio: hacia el desarrollo sostenible de El Salvador, en septiembre del 2007.

 

Tanta era su reputación de crítico, que incluso el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) –ahora su oponente –entró en negociaciones con él para lograr incluirlo en su fórmula presidencial que pelearía la contienda electoral del 2009, esfuerzo que no cuajó. Pero esa reputación empieza a caer, ahora que se ha convertido en candidato del oficialismo.

 

Los libretos escritos por los estrategas de campaña de Arena, que Zablah debe leer al pie de la letra frente a una cámara de televisión, lo muestran ya no como el analista incisivo y aguerrido. Se ha convertido de pronto, como en aquel personaje ficticio de Stevenson, en otro Zablah. Un Zablah más dócil, cuyo bagaje académico se ha visto aplastado por las imposiciones de slogans ideologizados y sin ningún cimiento intelectual.

 

Por ejemplo, se le mira y escucha diciendo en los spots televisivos de la campaña: “Ningún inversionista serio atenderá el llamado a invertir de Mauricio Funes y Salvador Sánchez Cerén”, la fórmula presidencial del FMLN. Pero, ¿por qué no? Aquí Zablah no elabora, no enuncia planteamientos económicos serios, simplemente, se deja torcer su brazo intelectual por clichés propagandísticos, emanados del comando de campaña.

 

Los inversionistas extranjeros, menos o nada ideologizados como sus contrapartes locales, se fijan poco en los colores políticos de izquierdas y derechas. Más bien, la atención se centra en que haya un buen clima de negocios, con reglas claras y transparentes, mecanismos legales de solución de controversias comerciales, etc. Y, sobre todo, que haya un mercado de compradores de productos o servicios que, ese inversionista, pretende comercializar.

 

China, que ha llegado a convertirse en la cuarta economía del mundo, ha sido el mayor receptor de inversión extranjera en la última década, según un informe de un centro de análisis británico, Chathan House, publicado en enero del 2008. Los inversores llegan a China con hambre de vender sus productos y servicios a los millones de potenciales compradores chinos, a pesar de ser uno de los últimos reductos socialistas en el mundo.

 

Y si esas comparaciones son extremas, veamos casos más cercanos: Nicaragua. Este país es dirigido por un Daniel Ortega con aires cada vez más dictatoriales, que se ha ganado incluso el repudio de aquellos que lo acompañaron en aquel esfuerzo revolucionario nacional de destronar en 1979 al dictador Somoza. Y aun así, en Nicaragua no ha mermado la inversión extranjera. Por el contrario, ha ido en aumento.

 

El informe Inversión Extranjera en América Latina y el Caribe 2007, publicado en mayo del 2008 por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), señala que, en relación a su PIB, cinco países de la región han aumentado su caudal de inversión extranjera: Chile, Honduras, Costa Rica, El Salvador y Nicaragua. La Inversión Extranjera Directa (IED) en Nicaragua creció 19% en el 2007 en relación al 2006, según el informe.

 

Pero, de repente, Zablah retoma su agudeza, como si el efecto de la pócima electoral tragada horas antes ha acabado ya. Entrevistado por Ernesto López en el Canal 21, a mediados de noviembre, El candidato a vicepresidente defendió con bastantes y buenos argumentos el porqué los puertos no se deben conceder en un 100% a un operador internacional. Una idea que choca directamente con el plan visualizado por la vicepresidenta, Ana Vilma de Escobar, que puja por una entrega total de esos bienes del Estado.

 

Zablah sabe de lo que habla. Él mismo fue presidente de la Comisión Ejecutiva Portuaria Autónoma (CEPA), el ente estatal que maneja el aeropuerto y los puertos del país. Dice que es mejor concesionar algunos servicios, como se ha hecho en el aeropuerto, pero el Estado debe conservar el control. Y agrega: los japoneses (el Gobierno japonés) han evaluado el panorama y han hecho recomendaciones que hemos aceptado, pero cuando ellos dicen que el Estado conserve el control, allí ya no (aceptamos).

 

Y de pronto parece haber bebido más de aquella pócima, y se transforma, nuevamente, en el otro Zablah.

 

Y saca otro estribillo electoral que debe repetir, a lo mejor a regañadientes: “Mauricio Funes no sabe cómo generar empleos”. Pero cualquiera sabe que un mandatario, en el hipotético caso de que Funes triunfe, no tiene que saber cómo hacer él todo. Para eso nombra ministros que, en sus ramas, le ayuden a configurar políticas en equis o ye sector. Para crear empleos, tendrán que confluir las estrategias de los ministros de Economía, Hacienda, Trabajo, Medio Ambiente, Turismo, y virtualmente todas las carteras de Estado. Y el Presidente ejerce la función parecida a la del director de orquesta.

 

Lo que no se sabe es si Zablah, pasado el fervor electoral, volverá –si Arena pierde las elecciones —a su estado de analista crítico. Si se convierte en vicepresidente, lo más seguro es que siga experimentando esos cambios bruscos de personalidad similares a los vividos por el personaje de El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. O peor aún: en un Mr. Hyde perenne.

Comentarios
Añadir nuevoBuscar
¡Sólo los usuarios registrados pueden escribir comentarios!

Administrator
About the author:
 
< Anterior   Siguiente >