El Villancico de Mangoré (II) PDF Imprimir E-Mail

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Por Edgardo Quintanilla(*)

 

LOS ANGELES.    Hemos dicho que el mejor villancico para guitarra de las Américas debutó durante la temporada de la Noche Buena de diciembre de 1943 en San Salvador.    Ningún guitarrista salvadoreño lo ha grabado para difusión comercial ó cultural por falta de apoyo del gobierno salvadoreño.   El debut del Villancico fue en el hogar de una familia acomodada que eran dueños de una farmacia y amigos de Agustín Barrios Mangoré (1885-1944), nativo del Paraguay.   Hay varias variantes de dicho villancico.


Ver por ejemplo:  http://www.youtube.com/watch?v=-DtLjlpKrok .                                  


Mangoré dedicó el villancico a Martita Carías Arias, una  niña de 6 años.  La casa donde el villancico fue escrito, No. 23 Primera Avenida Norte casi esquina con la Tercera Calle Poniente, ya no existe y dicha propiedad ni siquiera es considerada un patrimonio de El Salvador.   


Después de la muerte de Barrios el 7 de agosto de 1944, la viuda de Barrios regaló varias pertenencias de Barrios al Ministerio de Educación, las cuales llegaron a ser traspasadas al Museo David J. Guzmán donde ahora se encuentran lejos de la luz de público.   Entre estas pertenencias está una guitarra del luthier Morant, la cual ha sido restaurada  y copiada para museos en el Paraguay.   Ninguna institución del gobierno salvadoreño se opuso a que dicha guitarra fuera copiada.   Todo el patrimonio de Mangoré en El Salvador está en dicho museo.


El villancico fue escrito porque su autor, aunque enfermo de salud por haber sido un fumador empedernido, vivió con mucha relativa comodidad desde 1940 a 1944 en San Salvador que le permitió escribir música.  La comodidad material del autor, la cual no la tenían otros músicos contemporáneos de su época en El Salvador, se debía a que era un maestro de música bien pagado en la escuela pública de música y declamación “Rafael Olmedo”, localizada en el No. 11 de la 11a. Calle Poniente al norte de San Salvador, a la par de la finca “La Guadalupe” cuyos dueños eran la poderosa familia Guirola.    Dicha posición nunca había existido antes.


Mangoré obtuvo la posición de maestro de guitarra y un alto salario con el apoyo del General Maximiliano Hernández Martínez, presidente de El Salvador.   Sin el apoyo de Martínez, Mangoré nunca hubiera obtenido un empleo con un salario fijo que fue pagado al contado cada mes.   Martínez y Mangoré no fueron católicos, cristianos, ni evangélicos, porque fueron teósofos.    Los historiadores de Mangoré han fallado en no poder hablar de su vida dentro del verdadero contexto histórico que vivió en El Salvador.


El General Martínez llegó al poder en 1931 con un golpe de estado y consolidó su liderazgo al reprimir en el ’32 al mando del ejército salvadoreño un levantamiento de indígenas que fueron apoyados por líderes comunistas y que dejó miles de muertos y desplazados al occidente del país.   


Para los partidos de derecha que han gobernado El Salvador desde 1931, como el PRUD, PCN, y la actual ARENA, el General Martínez fue un adalid de la lucha en contra del comunismo.   Dentro de la tradición militar en El Salvador, el General Martínez es visto como un héroe.


Para la izquierda que podría llegar al poder en las elecciones de marzo de 2009, el General Martínez fue un dictador fascista que mantuvo reprimido e intimidado al pueblo salvadoreño (que residía en el campo) y que se mantuvo en el poder con el apoyo de una oligarquía de poderosas familias urbanas que para 1943 empezaron a retractar su apoyo a Martínez porque no los estaba dejando hacer más dinero y porque Martínez decidió reelegirse como presidente para un tercer término de 6 años.   En 1943, la música en vivo de las marimbas orquestas, como la “Alma Cuzcatleca”, eran los grupos de música mejor escuchados y bailados en todo El Salvador.   Fue un gran gusto ver en febrero de 2008 el rótulo de la marimba orquesta “Pacífico” en la calle que lleva de Sonsonate a Ataco en el occidente de El Salvador.  


Aunque apolítico,  Barrios gozó de la amistad y apoyo incondicional del General Martínez.    Martínez  tuvo un gran aprecio por la guitarra y el poema de fe que Barrios  recitaba al tocar la guitarra para contar cómo la Diosa Yasi le había regalado una caja de madera por la cual se desbordaron seis rayos de plata para hacer escuchar las voces vírgenes de nuestra América.  


Para 1943, el maestro paraguayo todavía era llamado en El Salvador como “Mangoré”, aunque desde 1934 había dejado de hacer presentaciones públicas vestido con un atuendo indígena como lo hizo empezando en 1930 en Sur América.   Culturalmente y genéticamente, Mangoré no fue indígena.   Su identificación como artista con el indoamericanismo fue similar a la de Frida Kahlo, una contemporánea de Mangoré, que se pintaba luciendo atuendos indígenas mexicanos aunque culturalmente y genéticamente no fue indígena.   El padre de Kahlo fue un judío alemán y su madre mexicana.


En vida, Mangoré fue controversial entre los músicos salvadoreños contemporáneos de su era que estaban fuera del pequeños círculo de músicos con quienes Mangoré se relacionaba.


Mi tío, Luis Quintanilla, ya difunto, que en los años sesenta fue maestro de música en un instituto de la ciudad de Usulután en El Salvador, despreciaba a Mangoré por su asociación con un tirano militar.   Para mi tío Luis, Mangoré fue un “sobalevas” del General Martínez que llegó a tener la posición que tuvo por puro “cuello” porque “Mangoré” estaba acabado cuando llegó por última vez a El Salvador en 1939.    Mi tío Luis escribió un texto escolar sobre la historia de la música clásica en El Salvador que ni siquiera menciona a Mangoré.


Para mi abuelo, Luis Torres, el padre de mi tío Luis, ya difunto, filarmónico y miembro de la banda regimental del destacamento militar de Santa Ana en los años 30, la presentación de Mangoré en atuendo indígena en el Teatro Nacional de Santa Ana, El Salvador, en 1933 fue uno de los eventos musicales más impactantes de toda su vida porque nunca había visto a un “indio” tocar piezas de música clásica en guitarra.   El afiche de la presentación de Mangoré que estaba pegado en una de las paredes interiores de dicho teatro fue robada hace varios años.   Ninguna institución del gobierno salvadoreño ha lanzado una investigación sobre dicho robo.


(*) Derechos reservados del autor.   Edgardo Quintanilla, miembro de la Barra de Abogados de California, es un abogado experto en leyes de inmigración en los EE.UU. con oficinas en Sherman Oaks, California, (866) 986-1295, Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla , y está escribiendo una novela basada en un tópico desconocido sobre la historia de América Latina. (En la foto aparece el Dr. Quintanilla)

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