2008: choque de dos lógicas PDF Imprimir E-Mail

Por Luis Armando González (*)

 

SAN SALVADOR - El año 2008 está a punto de terminar. Es oportuno hacer un balance global del mismo que permita hacerse cargo de las líneas de fuerza que lo han caracterizado y que le han dado su perfil propio.  Comparado con los últimos veinte años, 2008 guarda una línea de continuidad con ellos, en lo que se refiere a los problemas gruesos del país: deterioro del nexo social, pobreza, inseguridad, crisis ambiental, fragilidad institucional, saqueo económico y profundización del proceso de privatización-transnacionalización de la economía. Estos problemas, sin embargo, se han visto agudizados en 2008 por una crisis financiera internacional –cuyos efectos se comenzaron a sentir desde mediados del año—, que lenta pero irremediablemente está llamada a golpear a los sectores más desprotegidos de la sociedad salvadoreña. Se trata de la lógica de la exclusión socio-económica que tanta permanencia ha tenido en la historia de El Salvador y a la cual, en consecuencia, una gran mayoría ha terminado por adaptarse con la mayor naturalidad del mundo.


Esa lógica predominó a lo largo del siglo XX; fue una de las raíces de la guerra civil (1981-1992); no fue discutida en los Acuerdos de Paz –en el entendido que eso se haría una vez que se alcanzara la democratización política—; resurgió con fuerza en el primer gobierno de ARENA –el de Alfredo Cristiani (1989-1994)—; y en la actualidad se ha impuesto como ley suprema en el ámbito socio-económico. Desde este punto de vista, en 2008 no ha sucedido nada extraordinario: la lógica de la exclusión siguió imponiéndose sobre la vida social, llevando al límite la capacidad de la sociedad salvadoreña para asegurar su reproducción material y espiritual.


Esto último –sin que al principio fuera totalmente claro— dio la pauta para el surgimiento de otra lógica que ha comenzado a abrirse paso en 2008.  Se trata de la lógica del rechazo y el desafío al orden establecido –regido por la lógica de la exclusión—.  Al principio se trató de un clamor sordo de malestar e inconformidad.  Sus primeros brotes aparecieron bajo el gobierno de Armando Calderón Sol (1994-1999), pero no tenían un contorno definido. Este último se hizo más preciso con Francisco Flores (1999-2004).  Sin embargo, el espejismo del éxito fácil salvó a Flores del descalabro político y dio una nueva oportunidad a ARENA en el Ejecutivo. Antonio Saca tuvo que enfrentarse con un doble desafío: o reencauzaba la gestión gubernamental o seguía las líneas maestras de sus antecesores, con el riesgo de habérselas con el descalabro político que ya se había anunciado con Flores…. Saca se decantó por esta segunda opción y su partido está al borde del precipicio.


Y lo está porque con Saca la lógica del desafío y el rechazo al orden establecido ha cobrado una fuerza inusitada a medida que, en distintos sectores de la sociedad, se ha ido vinculando la lógica de la exclusión socio-económica con la gestión de realizada por los gobiernos de ARENA en los últimos 20 años. El gran avance político de amplios sectores de la sociedad en 2008 ha consistido en establecer ese vínculo, lo cual ha supuesto vencer las artimañas publicitarias de ARENA, la manipulación religiosa y las presiones laborales por parte de empresarios comprometidos con ese partido. También ha supuesto comenzar a vencer las resistencias hacia el riesgo y a probar otra forma de hacer las cosas desde el Ejecutivo.


Obviamente, la piedra de toque de esta lógica del desafío y el rechazo al orden establecido es la decisión efectiva a favor de un proyecto político alternativo a ARENA. Es ahí donde se probará la madurez de la sociedad salvadoreña en cuanto a estar dispuesta a legitimar el ensayo de una forma de gobierno distinta a la acostumbrada. Una visión pesimista dirá que esa disposición no será tal a la hora de marcar la papeleta de votación. Una visión optimista dirá lo opuesto: que la mayor parte de la sociedad está lista para renunciar a viejo conocido y apostarle a lo nuevo por conocer. Quizás con realismo –o mejor desde un pesimismo crítico— se puede sospechar del peso que tendrán en la decisión política efectiva (en enero y marzo de 2009) no sólo el malestar y el descontento con ARENA, sino las ataduras culturales –fuertemente conservadoras— de la sociedad salvadoreña. Cada cual tendrá que librar su propia batalla interior en el momento de decidirse políticamente por un determinado partido y candidato. Esta decisión concreta es la única que cuenta en materia electoral. Es ella la que, en definitiva, otorgará los mandatos públicos que surgirán  a partir de enero y marzo de 2009.


(*) Politólogo y colaborador de ContraPunto   
 

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