Lecciones para Ecuador de guerra narco en México PDF Imprimir E-Mail

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Por Ramiro Aguilar Torres


QUITO - Desde que el lector llega a la obra del escritor mexicano  Elmer Mendoza hasta que, ya embrujado por lo chilango, desciende vertiginosamente por los sabrosos y fáciles  textos de Paco Ignacio Taibo II y su personaje Héctor Belascoarán Shayne, va dando un hecho como cierto: la policía mexicana es de las más corruptas del mundo. Esto, sin mencionar los escalofríos que producen la cacería de mujeres obreras en Ciudad Juárez - pasada de la realidad a la ficción inmejorablemente por Bolaño -, o la guerra campal que se libra en Sinaloa y otras ciudades del norte de México. Lo crudo del tema es que este lugar común de la literatura negra mexicana, fue rubricado como incontrovertible por el propio Presidente Felipe Calderón, quien reconoció que el 50% de la policía mexicana no es confiable.  Con el 50% restante el gobierno federal se las arregla para luchar contra el NARCO.


Ahora bien, la lectura de lo que está ocurriendo en México debe llevar a países como Ecuador - que están en al ruta de la droga -, a sacar valiosas conclusiones.


El fortalecimiento de la policía parte de su absoluta profesionalización y de la  centralización de información y operativos. México, dada su estructura política, tiene el problema de que buena parte de su policía es local o estatal; más asimilados a los cuerpos de seguridad que profesionales formados son sus policías; todos, por cierto, con sueldos no óptimos y con debilidades en su sistema de seguros personales. En estas condiciones, con altísimos índices de impunidad, es mejor trabajar para el NARCO que para la LEY incluso dentro de la propia policía.

 

La sociedad en general y en todas partes, juega un papel bastante egoísta en todo este complejo escenario: busca protección, exige que los cuerpos de seguridad pongan el pecho en la lucha contra la delincuencia, pero al momento de reconocer a sus guardianes sueldos altos acordes al riesgo y seguros a las familias en caso de muerte del policía, duda y  se pone remolona.

 

En Ecuador actualmente el gobierno está empeñado en dictar una nueva Ley Orgánica de la Policía Nacional. Se eliminan unidades de investigación de elite y se descentralizan los servicios y estrategias policiales; lo que  en el caso de la lucha contra el NARCO, es suicida como lo está demostrando la experiencia  mexicana.  En efecto, se da, en el proyecto, a los directores regionales, provinciales y cantonales la capacidad de manejar los diferentes servicios policiales: homicidios, narcóticos, secuestros, propiedad, delitos sexuales, etc.; y consiguientemente, desarrollar estrategias dentro de sus pequeñas jurisdicciones para luchar contra cada tipo de delito. Lo que antes tenía una sólida línea de mando se diluye en muchas. Mientras, en el mundo del delito las grandes organizaciones criminales tienden a centralizarse y agruparse en carteles, bandas y pandillas para tener más fuerza; en el Ecuador bajo un errático principio autárquico, se diluirá la  policía. 

 

Una policía atomizada, sin concentración de información y sin estrategias operativas nacionales, es el mejor aliado del NARCO. Una fuerza de seguridad de esta guisa vende rutas, protección, información y armas al NARCO.

 

Si los ecuatorianos nos tomamos el tema policial muy a la guasa, formando detectives a lo Torrente en vez de unidades profesionales de élite, dada nuestra cercanía con zonas endémicas de narcoactividad en Colombia, corremos el riesgo de caer en los mismos problemas de seguridad y violencia que en este momento agobian a México.

 

(*) Abogado ecuatoriano, fundador y columnista de ContraPunto

 

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