La transfiguración de las remesas PDF Imprimir E-Mail

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Por Juan José Dalton

 

SAN SALVADOR – Las remesas que diariamente envían los salvadoreños desde Estados Unidos, así como todo el fenómeno migratorio, han significado un “tsunami social” en El Salvador que se ha impuesto, no en poquísimo tiempo como sucede con los desastres naturales, sino a lo largo de las tres últimas décadas.

 

Hablamos de “tsunami social” –quizás el término no sea el más apropiado- porque el fenómeno migratorio, que en nuestro país se hace unilateral al priorizar en las remesas, atraviesa toda la vida nacional: economía, sociedad, cultura y política.

 

El país recibió un total de $3.787 millones en remesas en 2008, y para los economistas sin ese aporte la economía nacional simplemente colapsaría. Se estima que este monto puede llegar a ser hasta el 16 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Pero la disminución de los caudales se ha visto: en 2008 las remesas sólo crecieron en 92 millones de dólares, pero en 2007 crecieron 224,4 millones de dólares, según el Banco Central de Reserva (BCR).

 

Chirilagua e Intipucá, otrora olvidados pueblos de la zona costera y oriental de El Salvador, donde los campesinos vivían de las labores duras de la siembra de granos básicos para la sobrevivencia y de la pesca, en la actualidad poseen tanto comercio, transporte, construcción, así como servicios de todo tipo, que nada tienen que envidiar a cualquier ciudad.

 

“La verdad es que han cambiado mucho estos lugares. Le pongo un solo ejemplo: Tengo un amigo, un poco mayor que yo, que era quien me hacía los trompos para jugar y yo le pagaba con dulce de panela... Pero ahora viene a la alcaldía en un carro y viste en short, con unas camisas largas casi hasta las rodillas, en chancletas, ya no usa sombrero sino que gorras de los equipos de béisbol de las ligas americanas”, explica a ContraPunto el alcalde de Chirilagua, José Arnoldo Méndez.

 

Los modelos de Chirilagua e Intipucá
Chirilagua tienen una población de 40.000 habitantes, pero unas 19.000 personas, casi la mitad, se han ido para Estados Unidos. “La mayoría de nuestra gente está en Virginia, Washington, Nueva York y Los Angeles. En Virginia me han contado que existe un barrio al que le dicen

Chirilagua City, porque casi todos los que viven ahí son de aquí”, agrega el funcionario.

 

El pueblo pobre y olvidado que era antes ya no existe; la construcción de viviendas de dos o más niveles proliferan, y no sólo en el centro de Chirilagua o de Intipucá, que es un municipio vecino.

 

Al igual que en cualquier centro urbano, en estos dos pueblos existen bancos, agencias de viajes, así como tiendas, farmacias y boutiques en los que se pueden adquirir cualquier tipo de productos por los que antes había que viajar a la ciudad de San Miguel o hasta San Salvador. Las comunicaciones, ni se diga. Están todas las compañías que ofrecen teléfonos celulares y proliferan también los “ciber”, a los que acuden las personas para comunicarse a través de la Internet con sus familiares que están en Estados Unidos.

 

En el centro de Intipucá hace dos años se erigió un monumento al inmigrante. Se trata de la figura de un joven con una mochilita al hombro, en posición de caminante, pero con una mirada hacia atrás (mirada nostálgica a su tierra natal). Image

 

“Esta estatua es la de Sigfrido Chávez”, dice el vigilante del parque central de Intipucá, quien inmediatamente agrega: “Él fue el primerito de todos los que se fueron de aquí. Cuando se marcharon así las casitas eran todas de lodo y zacate; eran ranchitos, pero gracias a las remesitas que llegan, mire cómo han cambiado”.

 

Hay casas en Intipucá que se asemejan a las que se construyen en Estados Unidos, incluso, los materiales con que se han fabricado han sido importados.

 

Los eternos deportados
El alcalde de Chirilagua habla del tema de los deportados que son frecuentes. “Aquí vienen los deportados. Se trata de algunos que los pescaron como indocumentados y otros que han cometido delitos, cumplieron sus penas, y los regresan”.

 

“Pero la mayoría son muchachos que aquí no se adaptan: no quieren trabajar, sino andar por ahí de vagos, con esos sus pantalones anchos y camisas largas, con aritos, cadenas y gorras... Ellos dicen que así es la moda, pero a lo que se dedican es a las drogas; primero las compran y luego las comienzan a vender porque se hace dinero fácil”, explica el edil.

 

A diferencia de los centros urbanos, en los pueblos de Chirilagua e Intipucá no proliferan las “maras”. En estos pueblos no existe la violencia de las pandillas como en los cascos metropolitanos, donde el homicidio está acompañado de la lucha territorial de las bandas extorsionistas y las del narcotráfico, que según algunas investigaciones, ocupan a los “mareros” como “soldados o peones” para cobrar las rentas, actuar como sicarios o vender drogas al menudeo.

 

“Aquí los pandilleros no proliferan porque la gente se les enfrenta; el que llega a extorsionar a un comercio, el dueño lo enfrenta y le hace ver que no le tiene miedo... Y mire, aquí tampoco ha habido pandilleros muertos”, asegura el alcalde Méndez.

 

Remesas para aquí y para allá
Con la crisis económica que está atravesando Estados Unidos, los salvadoreños receptores de remesas familiares, se están viendo afectados.

 

María Hernández, una señora que se dedica a echar y vender tortillas a un costado del parque de Chirilagua, cuenta que todos sus hijos “se han ido al norte; son los que me ayudan. Ellos me mandaron el dinero para comprar esta plancha de gas. Antes las tortillas las hacía en un comal con leña”. Image

 

“Pero lo cierto es que hace tres meses mis hijos no me mandan dinero... Sólo me hablan por teléfono para contarme que ahorita estás desempleados, pero que tienen esperanza de que la cosa tiene que cambiar”, apunta la señora.

 

En igual término se manifiesta la dueña de una peluquería, quien tuvo que despedir a tres empleadas que tenía y dedicarse ella misma a atender y a trabajar en su negocio. “Entre más remesa, más trabajo; o lo contrario...”, asevera la afligida mujer.

 

Por otra parte, el fenómeno nuevo que se está dando es el de “remesas que se están enviando de aquí para Estados Unidos”, según confirma un joven empleado de la Cooperativa La Guadalupana, de Chirilagua, que es una agencia de ahorro, crédito y entrega de remesas; éste último negocio anexado con trasnacionales como Western Union y Credomatic.

 

“Muchos de los asociados en la cooperativa están enviando a Estados Unidos el dinero que tienen ahorrado para sostener a lo que se han quedado sin trabajo o a los que han caído en deudas. Están enviando de los ahorros hasta 1.000 dólares”, manifestó el joven de la cooperativa que tiene más de 2.000 asociados.

 

“Seguramente este movimiento está sucediendo en otras entidades, pero la gente tampoco se ha cortado el flujo de remesas; está llegando menos, con menos frecuencia, pero siempre llega... Vendrán tiempos mejor”, finaliza el dependiente de la cooperativa.

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