Una ficción que se derrumba PDF Imprimir E-Mail

Por Luis Armando González (*)

 

SAN SALVADOR - Prácticamente, desde la firma de los Acuerdos de Paz comenzó a cobrar vida una ficción que muchos quisieron ver como una realidad, pero que ahora se les está manifestando como lo que efectivamente es: la ficción del pluralismo político partidario, expresada en la existencia de más de dos partidos distanciados entre sí en aspectos sustantivos tanto en el plano doctrinario como en el programático.  Esta ficción se vio reforzada cuando el FMLN se legalizó como partido político, al igual que cuando aparecieron otras formaciones políticas de izquierda o de centroizquierda.

 

Sin embargo, la ficción del pluralismo político partidario no se ha alimentado de la existencia, casi siempre efímera, de partidos de izquierda distintos del FMLN, sino de la existencia de dos partidos situados a la derecha del espectro político: el PCN y el  PDC.  Cualquier otra formación política podía desaparecer, pero no el PCN y el PDC, considerados por muchos la clave (formal) del pluralismo político partidario; la medida de esa convicción –o de esa sinrazón, según como se vea— la da el esfuerzo que se hizo por salvarlos de la desaparición –ordenada por la voluntad popular y sancionada por la ley— en las elecciones de 2004, cuando ninguno de los dos partidos alcanzó el porcentaje suficiente de votos para seguir vigente.

 

Sobran quienes, hasta hace poco, creyeron que, aunque en la izquierda sólo estuviera el FMLN, si en la derecha estaban el PCN y el PDC eso daría espacio a otros intereses socio-políticos, distintos a los expresados en ARENA. O sea, el pluralismo estaba asegurado, por lo menos desde la derecha del espectro político. Que el PCN y el PDC formaran en la práctica parlamentaria –y cuando lo creyeran conveniente— un solo bloque; que sus dirigencias se alinearan una y otra vez con ARENA para cercar al FMLN… Eso no era suficiente para renunciar a la idea de un pluralismo político partidario básico, suficiente para resistir la tentación de hablar de un bipartidismo en El Salvador.    

 

Importantes sectores de la sociedad aceptaron esta interpretación de la dinámica política. Bases y militantes del PCN y el PDC, lo mismo que simpatizantes de ocasión, creyeron que cuando votaban por los candidatos de cualquiera de esos partidos –independientemente de los arreglos que sus dirigencias hicieran con la cúpula arenera— lo estaban haciendo por una opción política distinta de ARENA. De no ser así, qué duda cabe que habrían votado en bloque por este último partido y sus candidatos. Pero no han procedido así, salvo en 2004, cuando una mayoría de ellos votó por ARENA y los condenó a la desaparición. Pero la norma ha sido apoyarlos con su voto, tal como lo hicieron en las elecciones del 18 de enero de este año y se preparaban para hacerlo de nuevo en las elecciones del 15 de marzo…

 

Pero, salió a relucir, con toda su crudeza, el compromiso de fondo de las cúpulas del PCN y el PDC: su identificación con ARENA. De esa identificación la sociedad salvadoreña ya ha tenido muestras abrumadoras. De hecho, es algo de lo que no cabe alarmarse, sino entenderlo como una perversión de los mecanismos político-partidarios. Usualmente, los dirigentes pecenistas y pedecistas no la han ocultado y siempre han obtenido beneficios por ello, a la vista de propios y extraños.

 

Con todo, las cúpulas del PCN y el PDC dieron, en estas semanas, un paso en falso: no sólo retiraron a sus candidatos de la contienda y ventilaron públicamente su identificación con ARENA, sino que han querido  arrastrar en esa identificación a sus bases, militantes y simpatizantes, de modo que su apoyo electoral fuera directamente para ARENA y su candidato a la presidencia de la República, Rodrigo Ávila.

 

Su cálculo fue que bases, militantes y simpatizantes iban a seguir con docilidad sus órdenes y que, una vez éstas fueran cumplidas, Rodrigo Ávila tendría asegurada una victoria en primera vuelta en las elecciones presidenciales. Maquinaron esta jugada, aparentemente astuta, a sabiendas de que si no lo hacían en estos momentos, tendrían que hacerlo después del 15 de marzo, dada la enorme probabilidad de que en esta elección no hubiera ganador absoluto o que, en el peor de los casos, Mauricio Funes se alzara con la victoria.         

 

Se ha tratado de un cálculo fallido. Las bases, militantes y simpatizantes del PCN y del PDC no parecen estar dispuestos a seguir al unísono las órdenes de sus dirigentes. Quizás lo peor que se ha hecho desde estos partidos es querer obligar a sus votantes a identificarse con ARENA, obviando sus creencias acerca de las diferencias existentes entre los tres. A ello se suma el irrespeto a la propia voluntad de decidir políticamente, irrespeto que ha bordeado los límites de la ilegalidad cuando dirigentes del PDC y el PCN se han dedicado a negociar los votos de sus bases, militantes y simpatizantes a cambio de determinados beneficios.   

 

El resultado no ha sido el esperado por las cúpulas pedecista y pecenista. Sus filas se han dividido. Y, por los vientos que soplan, todo parece indicar que quienes se alejen de esos partidos, principalmente a nivel de bases y simpatizantes, ya no regresarán. Al FDR le ha sucedido lo  mismo, sólo que de manera más drástica, por querer jugar la misma partida. La situación es ciertamente más crítica para la dirigencia efederrista: está condenada a quedarse sola, ante la eventualidad de que bases, militantes y simpatizantes emigren en masa hacia el FMLN. 

 

En un golpe de suerte inesperado, el FMLN puede sumar a sus arcas electorales votos con los que nunca contó cuando comenzó la competencia por la presidencia de la República. Y con esos votos, más su propio caudal y los nuevos que pueda atraer en estas semanas que vienen, irá a la justa presidencial del 15 de marzo próximo. Irá contra ARENA y contra lo quede del PCN, PDC y FDR. La ficción del pluralismo político partidario se habrá derrumbado totalmente para entonces. Y con ella se derrumbará otra ficción: la del discurso antipolarizante, en el que se escudaron, para dar mayor legitimidad a su existencia, el PCN, el PDC y el FDR. La identificación de sus dirigencias con ARENA deja en evidencia que su insistencia en los peligros de la polarización política no era más que una treta para ganar la voluntad de quienes no gustan de los conflictos y las tensiones en la esfera pública.

 

(*) Politólogo y columnista de ContraPunto

Comentarios
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Antonio Guzmán - Disidentes no vendrán solos Unregistered | 2009-02-16 14:54:50
Buena falta le hace al autor de este artículo una revisión de la historia nacional. Lo que tuvimos antes de los acuerdos de paz fue no solo la intolerancia, sino el bulgar asesinato al disidente político. Esta práctica fue práctica común en la derecha y lamentablemente la izquierda no estuvo excluida de algunos casos.
Negar que ha habido cambio es inaudito, y sólo implica ignorancia de la historia.
Invocar la atrofia política que representan PCN y PDC es irrelevante pues todos sabemos quienes son. Y es mecanicista decir que la actual división en sus bases implica que seguirán al Frente. Es cierto que el FMLN puede captar votantes de esos partidos, pero tiene que ser producto de MUCHO trabajo. Nada de "golpe de suerte inesperado" como dice el artículo.
La semana pasada Contrapunto publicó un artículo de Sermeño sobre ese tema, que debería ser revisado seriamente
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