Utopías y subsidios PDF Imprimir E-Mail

Por Willian E. Marroquín (*)

 

SAN SALVADOR - Hace más de 20 años y en plena guerra civil nos encontrábamos reunidos un grupo de profesores discutiendo sobre ¿Cuál debería ser nuestra utopía como país? Entendiendo utopía al estilo clásico como “un lugar nuevo y puro donde existiría una sociedad perfecta”. El ejercicio fue muy interesante y enriquecedor. Recuerdo que un colega salió con una idea fuera de serie y mencionó que su utopía era que “la fuerza armada se mantuviera de rifas y de hacer veladas”.

 

En el contexto de guerra en el que vivíamos, de un gasto militar excesivo, todos nos pusimos a reír. Sin embargo, el trasfondo de su utopía que era ¿Cómo mantener el gasto militar en un país pobre? tenía mucha seriedad y profundidad. Algo similar ocurre ahora si nos  hacemos la pregunta sobre, ¿Cómo mantener los actuales subsidios a la energía, al agua, al gas licuado, al transporte, etc?. El tema de los subsidios debería ser punto de debate de las principales fuerzas políticas del país y, a la fecha, algunos nos hablan de que es necesario un pacto fiscal y otros ni lo mencionan.

 

En toda época y momento de nuestra vida es bueno cuestionarnos sobre ¿Cuál es nuestra utopía?. Cuando veo la actitud de los partidos políticos haciendo arreglos y negocios sucios con los votos (que dicen que les pertenecen) para apoderarse de las instituciones de gobierno y seguir en la fiesta interminable del despilfarro, se me ocurre la siguiente utopía: “Quisiera que los partidos políticos pidieran su nulidad, que sus líderes vivan de rifas y veladas y dejaran que nuevos liderazgos asumieran la conducción de este país”.

 

Como sabemos de sobra la utopía capitalista o de libre mercado se centra en la empresa y en una sociedad en donde los habitantes tienen acceso a la actividad productiva y se desempeñan en libertad sin la intromisión del Estado, el cual hay que reducirlo al mínimo o eliminarlo. Bajo esta utopía los bienes y servicios públicos del Estado deben pasar al sector privado. Ejemplos de esta utopía abundan en nuestro país, la telefonía fija y movil, el sector financiero, la distribución, transmisión y parte de la generación de la energía, la educación y la seguridad pública, entre otros han pasado a manos privadas. Y próximamente le pasará lo mismo a los puertos y aeropuertos del país. Ante esta situación, el Estado poco a poco se queda sin recursos financieros para funcionar y, los subsidios se vuelven insostenibles a menos que se recurra a más impuestos, más préstamos o a focalizar los recursos limitados con que se cuenta.

 

Los subsidios son una contradicción dentro de la utopía capitalista; sin embargo, en nuestro país los subsidios se mantienen como un instrumento político y de manipulación de voluntades principalmente en épocas electorales como sucedió con la reducción del pasaje urbano antes de la elección del 18 de enero y con el anuncio de estos días de que los que ganan debajo de 1000 dólares no pagarían renta.

 

Mantener la tarifa eléctrica congelada para el sector residencial en el año pre-electoral, ponerle un nuevo impuesto a los combustibles para subsidiar el transporte público, mantener los precios del gas propano a un tercio de su costo real y recurrir a vender la generación de energía que producirá la CEL en el futuro para hacerle frente a las deudas actuales con las empresas distribuidoras son un claro ejemplo de manipulación política y del mecanismo más vergonzoso para seguir en el poder a cualquier precio. Mientras Chávez se trata de perpetuar en el poder por la vía del referéndum aquí se hace lo mismo manteniendo “beneficios engañosos, artificiales y temporales” para la población, y además,  sostenidos a costa de lo que la población paga por los diferentes impuestos cargados a los combustibles. Cito solo un ejemplo, para subsidiar el gas licuado se usa el dinero que se obtiene del Fondo de Estabilización y Fomento Económico (FEFE) que consiste en cargar 16 centavos de dólar por cada galón de gasolina comercializado, el cual según los especialistas y funcionarios del gobierno alcanza para subsidiar el 50%, el resto debe obtenerse del fondo general de la nación.

 

Para finalizar me voy a enfocar en el subsidio de la energía eléctrica que en el país tiene dos formas: el primer subsidio se focaliza en los hogares que consumen menos de 99 kilovatios por mes, y lo costea el Ministerio de Hacienda. El segundo, que mantiene una tarifa más baja que el costo real de la electricidad, que lo paga la CEL. Según, el presidente de esta autónoma, la CEL tiene ingresos mensuales de 7 millones, de los cuales solo puede destinar 3 o 4 para el subsidio (esto según información publicada en la Prensa escrita del país); sin embargo, para mantener el precio de la energía estable, el gobierno salvadoreño tiene que pagar a las compañías distribuidoras de energía un aproximado $15.7 millones mensuales. ¿De dónde sale o saldrá el faltante de casi 12 millones? Las alternativas planteadas han sido dos: préstamos a bancos o vender la generación de energía de la CEL por adelantado. Todo apunta a que después de las elecciones “la pita ya tensa de los subsidios” se romperá y, que el costo de la vida de los salvadoreños se empeorará.

 

FUSADES ha insistido en focalizar los subsidios y contrató uno de los estudios más serios y de calidad elaborados a la fecha en este tema. Se trata del documento “Análisis y rediseño de los subsidios en El Salvador”, en este estudio se establece que el subsidio para las familias que consumen debajo de 99 KWh que representa alrededor de $55 millones al año al Gobierno tiene un error de exclusión del 30% y un error de inclusión del 51%. Es decir, el primer error (de exclusión) significa que 30% de familias pobres que consumen arriba de 99 KWh o que no tienen energía eléctrica no están siendo cubiertas por el subsidio y que, de acuerdo al segundo error (el de inclusión), la mitad de los que reciben el subsidio actualmente deberían de estar fuera del mismo. Poco se puede hacer frente a esta realidad, pero aquí hay un campo importante de estudio.

 

Si los ortodoxos del capitalismo siguieran al pie de la letra su utopía tendrían que eliminar los subsidios y, terminar de vender a la CEL; sin embargo, ya no podrían mantenerse en el poder. Hasta ahora su modelo lo han sostenido a puras remesas y préstamos. Con la crisis financiera internacional las remesas tenderán a disminuir y los préstamos serán cada vez más difíciles de obtener. Todo nos indica que los subsidios tienen en jaque a la utopía del libre mercado.

 

(*) Vicerrector de UCA y columnista de ContraPunto

 

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