Infancia violentada PDF Imprimir E-Mail

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Por Magdalena Flores / Fotografía Tony Rivas

 

SAN SALVADOR – Una serie de hechos brutales, como el asesinato de un niña de 12 años, en el departamento de Morazán, que se negaba a seguir teniendo relaciones sexuales con su tío, así como la muerte de un niña de 42 días de nacida en el interior de una guardería la semana pasada, han puesto en evidencia nuevamente la fragilidad del sistema salvadoreño para proteger a la niñez.

 

Los niños y niñas no sólo tienen que lidiar con los acosos sexuales y maltratos físicos, sino que también son obligados a trabajar y muchas veces a abandonar sus estudios por estas circunstancias. Datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sostienen que más de 200 mil niños y niñas en El Salvador son víctimas del trabajo infantil.

 

“Menche” es una de ellas. A los 6 años de edad comenzó a trabajar limpiando mesas en una pupusería en las cercanías de su casa en Lourdes Colón, La Libertad. “Ya no pude seguir estudiando, porque tengo que mantener a mi mamá y mis diez hermanos”, expresa nostálgicamente.

 

El Procurador Adjunto de la Niñez y la Juventud de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH), Luis Enrique Salazar, sostiene que de las más de 5 mil denuncias que reciben al año, 2 mil 700 (55%) son por violaciones a los derechos de la niñez.

 

A pesar de que El Salvador firmó en 1989 la Convención Mundial de los Derechos del Niño, y la ratificó el año siguiente, es hasta ahora que la Asamblea Legislativa está estudiando un proyecto de ley integral de la niñez y la adolescencia, que busca coordinar la normativa institucional con la que ya se cuenta.

 

De acuerdo al procurador adjunto, esta ley pretende dar coherencia y coordinación a toda la normativa institucional que ya está creada, como el Código de Familia y la ley Contra la Violencia Intrafamiliar, que ya contemplan algunos de los principios  y derechos entorno a la niñez.

 

La diputada del partido gobernante, Alianza Republicana Nacionalista (Arena) y miembro de la comisión ad hoc que analiza el proyecto de ley, Mariella Pinto, dijo a ContraPunto que la nueva legislación podría ser aprobada por el parlamento salvadoreño entre esta semana o la próxima, debido a que en estos días evaluarán todas la observaciones que hicieron las instituciones participantes en la comisión la semana anterior.

 

Los puntos que han generado mayores divergencias entre los diputados y las instituciones participantes –PDDH, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), entre otros— es la creación de juzgados especializados para la niñez y la adolescencia, así como la conformación de un ministerio de la niñez, dijo Salazar.

 

La posible creación de juzgados especializados ha creado conflicto entre las partes involucradas, debido a que unos (Arena, Unicef, entre otros) sostienen que los juzgados de familia pueden llevar los casos de los menores, mientras otros, como la PDDH, afirman que los tribunales especializados son necesarios porque si no se crean para que aplique esta ley, la normativa será letra muerta. 

 

Marina de Torrento, jueza Segunda de Familia de San Salvador, en declaraciones a un medio local destacó que los juzgados de Familia ya están saturados de casos relativos al Código de Familia. Designar a estos tribunales para la nueva ley no haría más que llevar carga y se perdería el principio de oportunidad de la ley.

 

La nueva ley contará con 272 artículos, repartidos en tres capítulos básicos, según detalló Pinto. Primordialmente se basará en los principios y derechos de la Convención Mundial de los Derechos del Niño, que buscan salvaguardar y proteger a los menores de edad.

 

Otro de los vacíos que se han detectado es que no habrá un ministerio detrás, que vele por el cumplimiento de la normativa.

 

Salazar sostiene que aunque la nueva ley le dará un sentido de integralidad al sistema actual, todavía tiene una gran debilidad, debido a que la nueva entidad rectora debería de ser un ministerio, y no un aglutinamiento de personeros de instituciones publicas. “Las políticas públicas se coordinan a través de los ministerios”, enfatizó.

 

Hasta el momento los parlamentarios han definido como entidad rectora de la próxima ley integral de la niñez y la adolescencia al Consejo Nacional de la Niñez y la Adolescencia (CONNA), entidad que estará conformada por representantes de ministerios y otras entidades públicas.

 

También la nueva legislación, entre otras cosas, contempla cómo los padres deben de corregir a sus hijos y el papel que jugarán las alcaldías para proteger a los menores de edad. 

 

Ludin de Chávez, Gerente de Programas de Salud y Protección de la organización Save the Children, sostiene que los parlamentarios deben de tomarse su tiempo necesario para llegar a un consenso en torno a los puntos en divergencia para el bien de toda la niñez porque de nada sirve aprobar algo tan importante a la ligera.

 

Una ley no es suficiente
Los abusos y sobre todo los crímenes cometidos a niños y niñas paran los pelos.
Como el asesinato de María Odalina Díaz, de 12 años de edad, asesinada a machetazos por su tío de 46 años, en Morazán, el pasado lunes, porque ella se negó a seguir viviendo con él (lo que implicaba que seguiría siendo violada por el sujeto); la extraña muerte de Andrea Segovia, de apenas 42 días de nacida, en la guardería Tedy Care, en San Salvador, un hecho ocurrido el mismo día que Odalina fue asesinada; así como el esclavizante trabajo que Menche ha venido realizado desde muy pequeña, y continúa haciendo ahora que tiene 16 años.

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Andrea ganándose el sustento

 

Según el Procurador Salazar, la violencia contra la infancia va a cesar cuando funcione plenamente el sistema de atención integral, pues habrá mayor capacidad de actuar tempranamente ante posibles abusos contra niños y niñas. “Pero no estemos esperando que eso va funcionar de la noche a la mañana”, dijo Salazar.

 

Aunque Salazar considera importante la creación de la nueva legislación, matizó que los mecanismos actuales de protección deberían de estar ya funcionando, no hace falta ley para que funcione, porque ya hay un Policía Nacional Civil,  juzgados de familia,  ISNA –Instituto Salvadoreño de Desarrollo Integral de la Niñez y Adolescencia, el actual encargado de proteger a los menores.

 

Por su parte, el diputado del partido Cambio Democrático (CD), Héctor Dada Hirezi, sostuvo que si bien la nueva ley no es una “solución final”, sí es un requisito indispensable para actuar, “sobre todo en un país poco acostumbrado a cumplir con la ley”.

 

ISNA deja mucho que desear
El ISNA es el actual encargado de proteger a los menores de edad, sin embargo su papel hasta el momento ha dejado mucho que desear. En sus instalaciones en agosto pasado falleció Erick Amaya, de apenas un año y medio, a quién irónicamente lo habían llevado ahí para protegerlo del maltrato que le daban sus padres.

 

El menor murió de una enfermedad pulmonar, la cual pudo haber sido detectada a tiempo en el momento que ingresó al lugar, pero el personal de esa institución no observó nada en él.

 

Dada sostiene que si el trabajo que se ha hecho hasta el momento para proteger a las menores se evaluará por el trabajo del ISNA, él lo calificaría como “deplorable”.

 

Al aprobarse la nueva  ley integral de la niñez y la adolescencia, la ley del ISNA se anularía, pues el nuevo ente rector sería el CONNA, compuesto por instituciones del poder ejecutivo y judicial.

 

Ante esta situación, la magistrada de la Cámara de Menores, Doris Luz Rivas, declaró a medios locales: “Algunos ministerios que integrarían el CONNA hoy son parte de la junta directiva del ISNA. Y el ISNA es una institución que ha fracasado”. También enfatizó: “Los jueces pedimos que se revise muy bien la conformación del CONNA para que no sólo sea un cambio de nombre”.

 

Menche bajo el sol y el peligro
Mientras los diputados llegan a un acuerdo sobre la nueva ley, Menche continúa lavando los parabrisas de los carros que transitan sobre la calle Chiltiupán, en las cercanías de la Plaza Merliot. Lo ha venido haciendo los últimos cuatro años. Ocasionalmente hace también malabares con limones.

 

Ella comenzó desde los seis años ayudar a su madre limpiando mesas en una pupusería.

 

Siempre es acompañada por su hermana Andrea, de apenas 9 años de edad. Bajo el incesante sol y los peligros que implica trabajar en la calle, las dos niñas diariamente ganan alrededor de $7.50.

 

El sueño de la joven de tez blanca (pero “morena” de tanto sol), es ser periodista, pero ella cree que nunca lo va lograr porque a penas a estudiado hasta quinto grado.

 

“Nunca he tenido diversión, pues yo me he criado trabajando”, reflexiona la joven mientras moja en una cubeta el limpiador esperando que el semáforo se ponga en rojo y le otorgue unos minutos para hacer su trabajo y ganarse unas monedas.

 

Con su ropa sucia y pelo enmarañado expresa con tristeza que por este momento su mayor deseo es “salir de esta plaza y ya no venir nunca más”.

 

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