El tiempo está a favor de los pequeños PDF Imprimir E-Mail

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Por Antonie Chasser

BARCELONA - Al fondo se escucha una canción de Manu Chao, la gente entra y sale como manadas sin rumbo, mirando mapas y hablando en idiomas completamente incomprensibles a para mi oído. Desayunando un café con leche y tostadas, la tranquilidad aquí no es reina. Ya agitado por las masas, decido marcharme con cazadora en mano: hace buen clima en la calle, un sol brillante me recibe, para ser invierno en Barcelona me siento como en casa con este clima.

 

La tarea diaria de quienes no llevamos un mapa de turismo ha comenzado: “buscar trabajo”. Paso por la esquina de la Plaça de Catalunya donde el señor de bigote pronunciado que me vende el periódico de los empleos todos los días. Ya nos saludamos con confianza por la costumbre de vernos a la misma hora:

 

– “Suerte pequeñín”- me dice ahora también, me levanta una mano y me da el cambio.

 

Las banquetas de la Rambla siempre están llenas, pero mas de alguno se levanta cámara en mano para seguir su “tour”. Repaso la sección de empleos uno a uno, ya conozco bien las leyandas de trabajos de herbalife, barras shows y se necesitan señoritas para hombres solteros y educados, cero prostitución. Sonrío para mis adentros como si en realidad me creyera el cuento.

 

Al menos 300 ofertas diarias; callcenters, baretos de copas, guías turísticos, mozos para reformas de edificios en el barrio gótico, etc. En 297 anuncios aparece en la parte inferior en letras negritas “Papeles en regla”, “Sólo españoles y comunitarios”, “Imprescindible 3 años de experiencia comprobables en España en trabajos iguales o similares”.  ¿Como se supone que ganas experiencia si siempre piden 3 años de experiencia? ¡Bueno!

 

De las varias oportunidades que sobraron (tres), apunto los números en la Moleskine que me regaló mi padre antes de partir a mi aventura; tomo dirección al locutorio de costumbre que atienden una par de árabes que parecen una copia sacada con papel carbón y siempre te ven con el rabillo del ojo en todo momento.


– Una cabina por favor.


– La número trece, me indica. Esperando que el número no influya en mi suerte, afino la voz y llamo.

 

Diez minutos después ya estoy fuera, otra vez en la Rambla. Eran trabajos para latinos que daban latinos –hasta ahí todo bien– pero sólo eran para compatriotas colombianos, peruanos o chilenos. Siendo salvatrucho: “la papela en regla, amigo”, balbucearon todos casi arrastrando las palabras.

 

Vaya solidaridad de inmigrantes la que hay en estos países sin fronteras, donde los latinos las siguen trazando siempre de manera imaginaria, pensé mientras caminaba hacia el Puerto. Paso por el monumento del amigo Colón, el cual esta centellando por los flashes, apuntando con el dedo al lado incorrecto. Enciendo un cigarrillo en una banqueta frente al Mediterráneo, y lo termino en silencio. Emprendo camino de vuelta al Hostal en donde me dan chance de pagar mi cama dejando publicidad a turistas en las estaciones importantes de autobuses. Un tipo imita a Michael Jackson a la derecha.

 

Hadas tirando besos y sonriendo a la izquierda. El Diablo jugando una encarnecida partida de ajedrez con un Ángel mas adelante. Los mossos d´escuadra en la esquina frente al Hard Rock Café. Me detengo un momento frente a la casa Batlló de Gaudí que tiene una cola para entrar igual como si Médicos Sin Fronteras estuvieran dando alimentos para damnificados. La mujer pidiendo hincada con la foto de su familia, los dragones humanos del Boulevard de los Héroes, el rumano que se incendió a sí mismo por no conseguir trabajo, los niños limpia cricos de la Juan Pablo II, los latinos en el metro. “Próxima estación: Esperanza…”

 

(*) Joven inmigrante en Barcelona

La ilustración pertenece al artista Alberto Pancorbo, titulada Poblada soledad.

 

 

 

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Modificado el ( domingo, 02 de marzo de 2008 )
 
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