Italo López Vallecillos. Dos PDF Imprimir E-Mail

Por Manlio Argueta (*)

SAN SALVADOR - Decía antes que si Italo no me hubiese publicado la colaboración solicitada para Vida Universitaria, por mi soberbia de no aceptar sus correcciones de los “que” en lápiz rojo, hasta ahí hubiera terminado mi carrera como narrador. En verdad no me conmocionaba la prosa, seguía vibrando con la poesía. Pero la humildad poética, y mi intuición futurista, me hizo suprimir quince “ques”, de los treinta señalados por López Vallecillos.

 

En 4 páginas que tenía el cuento: “El Nombre”, se titulaba. Y le debo a J.D. Salinger mi entusiasmo por el cuento.3. Terminé de director de la editorial universitaria cuando Italo fue llamado a dirigir una nueva editorial universitaria: UCA, Editores. Y yo en la Editorial de la Universidad de El Salvador que, al trasladarse a la ciudad universitaria, perdió el nombre Benjamín Cisneros.

 

Este había sido el dueño de la imprenta donde se hacían los periódicos estudiantiles de oposición, en ese entonces éramos un país sin partidos políticos, ni siquiera había una ley de partidos políticos, la política la hacíamos los jóvenes. Al comprar la imprenta, el Rector Romero Fortín Magaña, acordó dejarle el nombre de quien había sido su propietario, en homenaje a los empastelamientos, a las persecuciones y a los desastres que le habían hecho por editar los periódicos estudiantiles. Nada mejor que Cisneros para que su recuerde lo ostente la editorial universitaria.

 

Habría que comprobar si el acuerdo fue derogado. Si no es así, la editorial, ahora en manos del Dr. David Hernández, debe rescatar la memoria de Benjamín Cisneros. Pero esto se sale de mi tema: el poeta Vallecillos.4. Vuelvo a la Editorial “José Benjamín Cisneros”. Los correctores de estilo y correctores de prueba somos Roberto Armijo, Alfonso Quijada Urías y yo, ubicados en una segunda planta del edificio ahora en ruinas pero que aun está ahí.

 

Corrijo la dirección, fui a confirmarlo esta semana, está ubicado en la 5ª. Calle Oriente, entre 2ª. y 5ª. Aves Norte, sin número. ¿Quién va a rescatar estas ruinas históricas? ¿O lo histórico solo es lo que tiene mil años? Es tarea de las autoridades de la Universidad de El Salvador, por ser propiedad de esta.La oficina de corrección, estaba en la segunda planta, y para que nuestro jefe Italo López no nos pillara haciendo menesteres diferentes a nuestras funciones, una de las trabajadoras cercana ubicada en el pasillo de esa segunda planta,  a quien enamorábamos, decía en voz alta que el jefe venía subiendo.

 

No era que el poeta Italo fuese a llamarnos la atención por estar leyendo o escribiendo, era nuestra labor. El problema estaba en que a Quijada Urías se le había metido ser pintor. Para ello, subía varios frascos de pintura de la primera planta donde estaban las máquinas, tomaba una cartulina grande, adelgazaba la pintura y la iba echando sobre la cartulina, tomándola con las dos manos comenzaba a moverla en círculos, así como se mueve el guacal de atol shuco para diluir el alguaiste. La pintura entremezclada, iba haciendo maravillas de colores. Para evitar que nos descubrieran las pérdidas de tiempo y las críticas de otros obreros, hicimos lo más fácil: cerrar la puerta y echarle llave.

 

Comenzamos a comercializar los cuadros. Uso el plural porque fui el marchante de las obras de Quijada Urías, por cierto no vendí ninguno, y terminó regalándomelos. Cinco años después, antes de salir para mi último exilio, 1972, los distribuí entre amigos. Algunos se conservan, por lo menos uno que le dí a mi hermana, los otros no recuerdo a quien se los dejé. Aclaro, han pasado más de 35 años.5.

 

Trabajando con La Pájara Pinta y la Colección Contemporáneos, 1964, Italo López se volvió tolerante con sus subalternos, los poetas jóvenes. En verdad nos llevaba entre cuatro y seis años, pero a esa edad, las diferencias de meses suenan a siglos. Se agrega que Italo tenía experiencia ejecutiva (lo dije antes, Director del telenoticiero Ceteco y Sub Director del periódico Independiente, de Jorge Pinto hijo, dueño de Diario Latino), muy famoso en la época, al grado que llegaron a clausurarlo por su posición política.

 

Repito, Italo muy organizado mientras nosotros gustábamos disfrutar los bares de mala muerte, uno de ellos, favorito de Dalton y todos los poetas: “El Paraíso de Adán y Eva”, para los casos de bohemia nocturna, bar de mala muerte situado en la 2ª. Ave. Norte y 3ª. Calle Ote., contiguo a la famosa Praviana. La bohemia en las horas del día la hacíamos en el bar Lutecia, también en 2ª. y 1ª. Calle Ote. O en el Chipilín.

 

Ganada la amistad, a partir de la poesía y el trabajo editorial, con el poeta López Vallecillos, decidimos entusiasmarlo para que nos acompañara a las catarsis del mediodía donde Chipilín, una manera de impulsarlo a flexibilizar su imagen, pues en ese tiempo él usaba corbata y saco, mientras nosotros, con fama y todo, apenas nos poníamos camisa. Éramos poetas descamisados.6.

 

La generosidad de Italo llegó a tanto que nos acompañó al tugurio cervecero diurno, lugar donde la única “boca” (o tapa como dicen los españoles) que ofrecían era sopa de chipilín con huevo. De ahí el nombre que le dimos, no era nombre oficial, pero cuando el propietario descubrió que los clientes usuales éramos poetas famosos, oficializó el apodo encajado a su cervecería.

 

Veintiún años después, 1993, a mi retorno de Costa Rica, me encontré la cervecería en mejores condiciones. No era el tugurio, y tenía otro nombre más “chic” o de modé: Chipil-Inn, situado en la Ave. Juan Pablo y 2ª. Ave. Norte. Como se ve, la 2ª. Avenida ha sido la calle de las licencias alcohólicas, de aquí proviene la palabra licencioso, o sea autorizados, licenciados. 

Ahora lleva el nombre sagrado de Avenida Monseñor Romero, y aunque ya desaparecieron los lupanares alcohólicos, se necesita valor para transitarla a pie, de día; no digamos de noche: morgue segura. Eran casas Bellas en los años 20. Aun se ven los vestigios de enlaminado belga y decoraciones en madera que de pronto son sustraídos para el fuego de pupusas y las tortillas. Algunas de ellas las incendian o bien ya están destruidas y clausuradas las puertas, sin techo  ni dueños aparentes, ni siquiera los indigentes las aceptan como dormitorios.

 

(*) Poeta y novelista. Director de la Biblioteca Nacional de El Salvador. Presidente de la Fundación Innovaciones Educativas Centroamericanas. Condecorado con la orden del Mérito Civil, por el gobierno del Reino de España, cuyo gran Maestre es el Rey Juan Carlos. 

Comentarios
Añadir nuevoBuscar
¡Sólo los usuarios registrados pueden escribir comentarios!

Modificado el ( domingo, 02 de marzo de 2008 )
 
< Anterior   Siguiente >