El peligro de los buenos vecinos PDF Imprimir E-Mail

Por Carlos Ernesto García (*) 

BARCELONA - Hace algunos meses atrás veía en la televisión y, honestamente que con no poco asombro, como eran introducidos en varios vehículos policiales algunos miembros de la comunidad musulmana residentes en este país.

 

Todos ellos eran ciudadanos árabes detenidos bajo la  hipótesis que los señala y por tanto criminaliza como posibles miembros de células durmientes al servicio del movimiento terrorista internacional.

 

A diferencia de otros casos, en que la responsabilidad era más evidente, aquí de lo que se trata es que estamos hablando de una nueva modalidad de sospechoso, que apunta a que  cuanto más ejemplar sea el comportamiento más inquietante resulta para los investigadores. Y a fin de ser coherentes con la doctrina, como prueba presentaban al propietario de una librería. La primera pregunta que se me ocurre es hasta qué punto la Constitución faculta al Estado en España para llevar a cabo, en nombre de la Seguridad Nacional, semejantes acciones. Cierto, el clima de violencia hace que se disparen todas las alarmas y en ocasiones, exista el temor de que las medidas que se tomen para garantizar la seguridad sean pocas.

 

Lo que preocupa, es que a este paso, saludar a un ciudadano musulmán con demasiada frecuencia, podría convertirnos en posibles colaboradores a los ojos de los más paranoicos, pues aunque parezca demencial, una vez perdemos el control de donde está el verdadero enemigo, sucede como en la guerra: terminamos disparando a todo lo que se mueve.

 

Tras el final de la Guerra Fría, occidente se ha obsesionado en construir a costa de lo que sea, nuevos y rentables enemigos. Es algo que los politólogos ya lo advertían. Ahora lo tenemos a las puertas de casa en toda su dimensión y con los primeros síntomas que nos indica, desde la intervención de nuestras tropas en la invasión a Irak, que lo queramos reconocer o no, vamos por mal camino.

 

Es de suponer que si un investigador del Nixon Center en Washington, que además está especializado en las redes terroristas paquistaníes ordena más que recomienda, como deben hacerse las cosas en materia de investigación, hay que seguirle, cueste lo que cueste, con la misma que fe que se le profesa a cualquier santo milagrero.

 

En el supuesto que al final de todo no se sacase nada en claro, estoy convencido que a esos ciudadanos que se llevaron ante la mirada atónita de sus vecinos, nadie a previsto pedirles la menor de las disculpas y simplemente porque los daños colaterales, ya han sido incluidos en el plan por mentes más perversas.

 

No puedo evitar tener un sentimiento de desprotección frente al Sistema, que es capaz y lo ha demostrado con creces y sin el menor de los rubores, de practicar arbitrariamente la detención de uno o más ciudadanos, sin pruebas suficientes que demuestre a nadie la culpabilidad. La sospecha los avala y a la vista está es causa suficiente para la detención.

 

Si hemos perdido el derecho a que se nos aplique la pretensión de inocencia, así como la capacidad colectiva de reflexión frente a estos acontecimientos; si en realidad podemos sin saberlo siquiera, estar en la mira de una investigación semejante yo me pregunto: ¿qué diferencia existe cuando desde los albores del III Riech se capturaba ciudadanos a ojos de todos los que guardaban un silencio, desde mí punto de vista vergonzoso?

 

Quizá a muchos todo esto no les importará (y cuento con ello) pero créanme que en lo particular  no me siento más seguro que antes con todas esas detenciones y para cerrar este artículo cito al dramaturgo alemán  Bertold Brech: Primero se llevaron a los negros, pero a mi no me importó porque yo no lo era./ Enseguida se llevaron a los judíos, pero a mí no me importó, porque yo tampoco lo era./ Después detuvieron a los curas, pero como yo no soy religioso, tampoco me importó./ Luego apresaron a unos comunistas, pero como yo no soy comunista, tampoco me importó./ Ahora me llevan a mí pero ya es tarde.

 

(*) Poeta, escritor salvadoreño y corresponsal de ContraPunto en España.

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Modificado el ( domingo, 13 de enero de 2008 )
 
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