Ante la guerra sucia

Por Luis Alvarenga

 

SAN SALVADOR - La guerra sucia mediática ya ha llegado a niveles de auténtica intoxicación. Conforme la campaña va llegando a su fin, esta guerra sucia baja a niveles cada vez inferiores de estolidez. A nadie sorprende ya que se digan las mentiras más burdas, con el fantasma del chavismo, utilizando el himno nacional impunemente. Poco faltará para que le cambien la letra. Tampoco nadie parece indignarse ante los recursos de la derecha para atraer nuevos votantes. Entre ellos está uno realmente chocante y que puede verse si uno transita por las calles de la capital: camiones con la bandera del partido oficial que acarrean consigo una vitrina, en cuyo interior están unos sofás, en los que están sentadas un par de muchachas en shorts.

 

Entre ese “sexomóvil” de ARENA y las casas “regaladas” por Rodrigo Ávila con los dineros públicos, transcurren los últimos días de la campaña. Por si eso fuera poco, viene un venezolano de la oposición antichavista a dar charlas a las instituciones públicas, utilizando recursos estatales y ocupando el tiempo laboral de los empleados del gobierno (“Fuerza solidaria utiliza ‘seminarios’ con carteras de Estado para charlas políticas”, Diario Colatino, 13 de febrero de 2009).

 

Vale la pena reproducir los dos primeros párrafos de la nota: “’Nosotros suspendimos una jornada de vacunación porque nos dijeron que era un seminario y esto es político’, me dijo un hombre visiblemente molesto que portaba un carné del Ministerio de Salud, ayer en uno de los salones principales de un reconocido restaurante y centro de convenciones ubicado en el municipio de Antiguo Cuscatlán. Según me confesó el ‘seminario’ estaba pautado para las 8:00 de la mañana, pero hubo un atraso por la llegada de la gente. El vigilante del restaurante y centro de convenciones aseguró a este medio que el Ministerio de Salud había reservado el lugar para ‘unas un mil 700 personas’. Pero en el lugar no sobre pasaron las 50.”

 

Con todo, la ciudadanía salvadoreña parece estar rompiendo con el temor. Eso genera una esperanza que va más allá de los resultados de las próximas elecciones. Ante la guerra mediática sucia, los sentimientos que se generan son indignación (ante el insulto a la inteligencia que suponen estas campañas) y voluntad de denuncia. El decoro se ve insultado cuando se pretende ocultar la incapacidad para debatir  ideas con argumentos tan peregrinos como “Mauricio tiene mayor capacidad discursiva porque estuvo en los medios y no en el trabajo de campo”, o “el debate lo hace nuestro candidato todos los días frente a los medios”. No me ayudes, compadre.

 

Es cierto: el cambio político es necesario. Pero el cimiento de ese cambio está en la conciencia. La construcción de una conciencia ciudadana que defiende su decoro, a pesar del cinismo de aquellos que, desde su título de “analistas políticos” o “columnistas” aconsejan la tontería de quedarse callados ante la guerra sucia.


(*) Escritor, ensayista, docente y columnista de ContraPunto

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